lunes, 16 de febrero de 2015

Cerbón: iglesia de San Pedro


No muy lejos de donde los terribles saurios de Fuentes de Magaña dominaban el mundo hace millones de años, una iglesuca románica despierta el interés del visitante, con lo curioso y a la vez lo original de su diseño: la iglesia de San Pedro, situada a la entrada del pueblo de Cerbón; un pueblo que dista de Fuentes de Magaña, aproximadamente dos kilómetros de distancia, y que podríamos situar, así mismo, poco menos que al comienzo de una más que interesante ruta hacia las Tierras Altas sorianas. El templo, con toda probabilidad de los más antiguos de la provincia, seguramente de mediados o finales del siglo XII, presenta, no obstante su sencilla, casi diríase que primitiva ruralidad, una particularidad muy específica, que le hace ser, posiblemente, y salvando las distancias con algunas comparaciones referidas al templo-santuario de la Virgen de la Peña de Ágreda, único en su género: está provisto de dos ábsides gemelos. Cuenta la tradición –y este podría ser un detalle interesante sobre el que especular largo y tendido, si se dispusiera de documentación que así lo corroborara-, que tal disposición se debe a que en tiempos existió allí un cenobio mixto, en el que una comunidad de hombres y mujeres –puestos a suponer, cualquiera podría pensar, que aun en época tan tardía, pudieran haberse dado casos tan cercanos a la denominada herejía priscilianista- desarrollaban conjuntamente sus actividades religiosas, separados, no obstante, por un muro. Un muro que, situado en el interior del templo, dividiría la cabecera en dos zonas perfectamente determinadas, en las que ambas comunidades, eso sí, por separado, desarrollarían silenciosamente sus obligaciones religiosas.

[Colina de Losa, Burgos, capitel del 'asceta']

Si esto fuera así –o mejor dicho, lo hubiera sido en el pasado-, resulta curioso, una vez observados los detalles ornamentales de los canecillos de ambos ábsides, comprobar la proliferación de pequeñas cabezas masculinas, con rostros de aspecto severo e incluso inquietante, que parecen responder a modelos de monjes de la época y donde no parece existir ni una sola referencia femenina. Curiosos, así mismo, resultan los motivos de los capiteles que sustentan las arquivoltas del pórtico principal de entrada al templo, situado en el lado sur de la nave. Y es que, a pesar de los terribles efectos de desgaste originados por el tiempo y la erosión, parecen corroborar, en parte, el supuesto origen navarro de los primitivos colonizadores de Cerbón, así como otras, digamos casualidades, que nos recuerdan –o pueden ayudar a sugerir una hipótesis con ciertas probabilidades de similitud-, el supuesto origen de los canteros o de algún cantero en particular: Álava y las Merindades burgalesas.

[Délika, Álava, Diosa Madre]

Esto queda de manifiesto si, acudiendo al mundo de las comparaciones –por muy odiosas que éstas puedan resultarnos en un principio-, comparamos algunos de los elementos decorativos, con aquellos otros que se localizan en la denominada Llanada Alavesa, así como en el norte burgalés. Quizás de los más significativos y además, elemento alternativo que ayuda a soportar la referida teoría, tengamos la posible presencia de un elemento foliáceo y signo de identidad común: el espárrago. Elemento que, entre otros muchos ejemplos, se localiza en el curioso templo dedicado a la figura de San Martín, sito en Gazeo, cuya cabecera posee, además, unas inquietantes pinturas, de cuya escabrosa temática –y lo comento sólo como anécdota- se hizo eco, hace algún tiempo, el popular programa de Iker Jiménez, Cuarto Milenio. Pero quizás el elemento más relevante –aquél que invita a la hipótesis y la polémica con mayor intensidad- y salvando ciertas diferencias, sea esa curiosa, cuando no significativa representación de un posible asceta, místico o eremita, que nos recuerda otro de los escasos ejemplos que existen de su género en el románico peninsular y que nos derivan a las mediáticas Merindades burgalesas, más concretamente, a la parroquial de Colina de Losa, donde, por cierto, también figura la representación del mencionado espárrago. Ahora bien, dado el desgaste de la pieza en cuestión, tal vez –digo sólo tal vez-, esa posible representación ascética –se observan brazos y piernas enrollados al cuerpo- no sea, sino, una probable referencia a la Diosa Madre –ajena a las aves y la espiral del vientre que acompañan, por ejemplo, a otra curiosa representación que se localiza en un capitel de la parroquial de Délika, en la frontera con Vizcaya- y eso que se toma por brazos, responda, en realidad, a serpientes que amamantan de los pechos, detalle que en algunas ocasiones lleva a emparentar a este tipo de representaciones con alusiones a la lujuria. Pero, ¿acaso la propia Naturaleza, no es completamente lujuriosa en su despliegue, explosión de vida y abundancia, sin que ello sea óbice de pecado?.

[Colina de Losa, Burgos: los espárragos]

Independientemente del estado de conservación de la parte superior del pórtico, donde se aprecia cierto descabalamiento en los sillares, así como de los pequeños y rudimentarios canecillos que alternan, indistintamente motivos humanos, animales e incluso geométricos, completan la ornamentación de los capiteles las tradicionales arpías de cuellos exageradamente alargados, un curioso hércules o atlante sujetando con sus brazos la parte superior de un capitel, así como hieráticos rostros surgiendo de la floresta, posible alusión a los cultos a la naturaleza propios de la Antigua Religión.

En definitiva, primitivo y rural, es cierto, pero un templo muy interesante, cuyos elementos y distribución, en su conjunto, se prestan a abundantes y extraordinarias especulaciones.

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