jueves, 20 de noviembre de 2014

Aguilera: iglesia de San Martín



Cercanos al entorno, aunque adentrándonos hacia el interior, pero siguiendo esa carretera general que une dos poblaciones de cierta importancia, como son Almazán y el Burgo de Osma, merece la pena detenerse en algunos pueblos y acercarse hasta sus parroquiales. Ese sería el caso, para empezar, de la pequeña población de Aguilera y su curiosa e interesante iglesia, dedicada a la figura de San Martín de Tours. Aunque no parece haber documentación histórica que lo avale, algunas fuentes observan cierto templarismo en este templo que, por sus características, bien haber constituido, como era costumbre en la época –el siglo XII, cuando la región representaba parte de la denominada frontera del Duero, que separaba la España cristiana de la España musulmana-, un ejemplo –abundante, por cierto en la provincia- de lo que se ha dado en denominar iglesia-fortaleza. Perteneciera o no, en algún momento determinado a los templarios, lo que sí es cierto, es que está comprobada la presencia de las órdenes militares en las cercanías, como lo demuestra la proximidad del templo de San Juan Bautista, en Hortezuela que, se supone, perteneció a un convento o a una encomienda de la orden de San Juan de Jerusalén y sobre cuya portada todavía puede verse su escudo, luciendo una magnífica cruz de Malta
Próxima a ambas poblaciones, también se localiza la importante plaza de Berlanga de Duero –con su magnífica Colegiata dedicada a la figura de Santa María del Mercado o del Azogue, su impresionante castillo amurallado y sus leyendas cidianas-, y algunos insignificantes kilómetros más allá, en majestuosa soledad, la inimitable iglesia mozárabe de San Baudelio de Berlanga.

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Como en los casos que hemos visto con anterioridad, también en esta iglesia de Aguilera, llaman la atención las volumétricas proporciones de su portada, así como las representaciones de los capiteles que sirven como basa de sustento a sus seis arquivoltas. Capiteles, compuestos por motivos foliáceos, aves bebiendo de una fuente y pareja de arpías, en el lado izquierdo, secundados por otro motivo foliáceo, una lucha entre caballeros y un tercero, el central, bastante inusual, o cuando menos poco corriente, que muestra a dos individuos volteando  por los pies a un tercero. Numerosos y variados, también, son los motivos crucíferos o graffitis de peregrino, que se observan en las paredes de su vistosa galería porticada, así como algunas marcas de cantería y alquerques, o triples recintos celtas, que vuelven a recordar, así mismo, parte de la estrategia desplegada, por ejemplo, por los templarios en sus fortalezas. Cuestión de opiniones o no, personalmente observo una mayor habilidad en el diseño de los motivos vegetales de los capiteles del pórtico, superiores –vuelvo a repetir, según mi opinión- a aquellas otras representaciones antropomorfas que lo complementan, cuya mano, además, no parece ser la misma que la que labró los capiteles anteriormente descritos del pórtico principal de entrada: ¿manos mudéjares, quizás, especializadas en tales temáticas, por cuanto cualquier otro tipo de representación antropomórfica les estaba prohibido?. Incluso, pudiera darse el caso, además, de que éste, es decir, el pórtico principal, no fuera originario de este templo y pudiera haber sido incorporado con posterioridad, como así ocurrió con la torre. Independientemente de cualquier tipo de especulación, sí parece evidente, sin embargo, la utilización de elementos de relleno, como lo demuestran esos capiteles que se localizan en el frontal superior de la galería porticada, por su parte exterior, que encajan en el lugar donde deberían haber estado los canecillos que complementarían a los que todavía permanecen, consistiendo éstos en cabezas humanas y cabezas animales.
Como colofón, y a título informativo para quiera ampliar ruta, adentrándose por tierras berlanguesas, añadir que hay un camino rural, que en apenas media docena de kilómetros, desemboca en Berlanga de Duero.