miércoles, 18 de enero de 2012

Escudriñando el románico de Rejas de San Esteban



'- Yo no sé leyendas de antigua alegría, sino historias viejas de melancolía...'(1)


Si alguien entendió a la perfección la mística melancólica que emana de las gentes, de los campos y de los pueblos sorianos, ese fue sin duda, y en mi opinión, el poeta que mejor supo cantar sus campechanas intimidades; por supuesto, sin desmerecer a nadie: Antonio Machado. Hablar de las melancolías afines a una tierra que nunca pudo olvidar unos estrechos vínculos de origen celtíbero; que fue frontera natural entre moros y cristianos; solaz de peregrinos y foco de convivencia de las tres culturas más importantes: a saber, la cristiana, la musulmana y la judía, conlleva la ilusión -cuando no la obligación- de afrontar las vicisitudes con espíritu deportivo y pensar que esas puertas que una vez se encontraron cerradas, se convierten en una simple anécdota la siguiente ocasión que vuelves al lugar y una llave -generalmente grande, como la de la casa de los Martínez (2)- aparece en una mano longeva, de rugosidades cenicientas y callos profundos, curtidos en mil combates con esos campos sorianos a los que Machado consideraba la barbacana hacia Aragón que tiene la torre castellana. Un anciano de ojos oscuros, profundos pero de mirada limpia y franca; de frente deshojada, como una margarita y escarcha láctea en los mechones de cabello que, curiosamente, como aquél otro imaginado por Hermingway en su clásico Por quién doblan las campanas, también se llama Anselmo...




Una de las características que más me agradan de las historias, es que, por regla general suelen ser dinámicas y varían como el tiempo. Recuerdo que la primera vez que puse los pies en Rejas de San Esteban, fue una fría y desapacible mañana de enero, en la que una contumaz agua-nieve calaba cual sopaboba, penetrando por cualquier diminuto intersticio entre los cuellos del anorak y el jersey, los zapatos rezumando humedad y las manos -libres de los guantes para poder manejar los botones de la cámara- pidiendo a gritos la presencia amiga del fogón de la abuela. Fue hace dos años.
La segunda vez, y última, por el momento, fue a finales de octubre, poco menos que en vísperas de la festividad de Todos los Santos, y el otoño -quizás otorgándose el papel heróico de justiciero- regalaba imágenes de glorioso tono dorado que se adherían como un velo vaporoso a la soledad de los campos y a la piedra y el adobe de las casas, conformando marcos de estrategia ideal para la presentación de cuadros artísticos de fantástico surrealismo.





Iglesia Románica de San Ginés


No menos gloriosos que las pinceladas otoñales, los interiores hasta entonces cerrados a cal y canto de las dos iglesias románicas de Rejas de San Esteban -San Ginés y San Martín de Tours- reservan, abatiéndose desde las insondables tinieblas del pasado, retos históricos aún sin resolver. Ambas están datadas en el siglo XII, por lo que se pueden considerar como pertenecientes al románico más primigenio de la provincia, y ambas están dotadas de una hermosa galería porticada que, según los casos, conservan, con más o menos integridad, unos caracteres que, por la temática -al menos en el caso de San Ginés- se prestan a una apasionante especulación:




Quizás uno de los motivos exteriores que más llaman la atención dentro del muestrario temático de los capiteles de su galería porticada, sea aquél que muestra una barca con tres personajes en su interior. Motivo idéntico se localiza también en varias iglesias románicas de las Merindades burgalesas, como en la iglesia de La Asunción, en La Cerca o en la mística y enigmática iglesia de San Pantaleón de Losa. Generalmente se cree que representa a peregrinos que accedían a los caminos jacobeos, desembarcando en los puertos del Cantábrico. También podría ser una alusión a la nave de los locos o al viaje final, como opina Ángel Almazán (3). Representativo, también de ese posible último viaje, es la temática del músico finado al que acompaña su instrumento musical, parecido a un laúd, que recuerda a los trovars d'amour o los fideli d'amori, tan célebres en cortes como la de Leonor de Aquitania.


Los interiores de San Ginés, también ocultan detalles interesantes. Si bien llama la atención, la ausencia de pinturas en sus paredes -¿podrían estar ocultas bajo varias capas de cal?- posee detalles interesantes, como el magnífico artesonado, de probable origen mudéjar, en el que se observan algunos curiosos blasones; la pila, completamente lisa y en forma de copa o grial; un Cristo, probablemente gótico y otro en posición yacente; la figura, presente y venerada en numerosas iglesias sorianas de San Roque, y una magnífica talla gótica de Virgen con Niño, que responde al significativo nombre de Virgen de la Guía.




Iglesia de San Martín de Tours


Se localiza en la parte alta del pueblo. A diferencia de la galería porticada de San Ginés, los motivos decorativos de los capiteles de la iglesia de San Martín, son básicamente foliáceos. Ésta aparente falta de simbolismo se ve compensada, con creces, una vez en su interior al observar la imaginería desplegada en las excelentes pinturas, góticas a mi parecer, que se localizan en el ábside y en uno de los laterales del muro sur. Si bien las del ábside representan lo que supongo ha de ser la vida y milagros de San Martín de Tours (4), la representación de San Cristobalón -un tema pagano- no deja de ser una interesante novedad, y posiblemente uno de los pocos casos con los que uno se tropieza en su camino. La pila, románica, aunque labrada en forma de gajos, denota la misma antigüedad de la iglesia; es decir, original del siglo XII. También el altar parece original.


A los amantes del simbolismo, les dejo con otra reflexión de Ángel Almazán, acerca del número de arcos de la galería porticada de San Martín, que pueden localizar en la obra anteriormente citada: siete.


Rejas de San Esteban, un pequeño universo por descubrir.




(1) Antonio Machado: 'Poesías completas', RBA Coleccionables, S.A., Barcelona, 2001, página 16.


(2) Famosa serie española de televisión de los años setenta.


(3) Ángel Almazán de Gracia: 'Por tierras de Soria, La Rioja y Guadalajara', Editorial Sotabur, S.L., 4ª edición, julio de 1998, página 146.


(4) Recordemos que este santo, participó en Tréveris en el juicio contra el hereje Prisciliano.