martes, 13 de julio de 2010

Romanillos de Medinaceli: Crucetas y Tradición

Una aldeíta náufraga en un mar de espigas, decía el filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset, refiriéndose a esa curiosa entrada a Romanillos, que recibe al visitante según éste se adentra apenas una veintena de kilómetros por tierras del interior de Medinaceli. Confluyen las crucetas -a excepción de un par, que están situadas en el interior del pueblo- en las inmediaciones de la ermita-humilladero, cuya forma y proporción es similar a otras construcciones afines situadas a todo lo largo y ancho de la provincia, así como en provincias limítrofes, como es el caso de Guadalajara.



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Mientras la carretera continúa en dirección a Barahona -que junto con Zugarramurdi y Trasmoz, conforman, prosiblemente, la trilogía brujeril más interesante de España- de la ermita parte un caminillo sin asfaltar, que se pierde hacia el interior de unos campos que todavía tienen muchas cosas que contar, guardando en sus entrañas retazos de una Historia probablemente más activa en el pasado que en la actualidad.
Como evocaciones de esa Celtiberia Soriana protagonista de épicos episodios de resistencia y heroismo frente a un invasor muy superior, la sorpresa aguarda en esas sorprendentes chozas, conocidas con el nombre de taínas, que conservan las peculiaridades de antaño, y que por un momento inducen a la ensoñación. Cabañas hechas de piedra y paja, que en la actualidad cobijan al ganado así como los aperos de labranza, pero que hubo épocas, relativamente cercanas, en las que constituyeron también hogares familiares.


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Por otra parte, la zona tiene una riqueza arqueológica de gran importancia, como demuestran las tumbas antropomorfas localizadas no sólo junto al pórtico de entrada de la iglesia románica de San Miguel, sino también en esos campos aledaños al cementerio municipal. Eso, sin olvidar que en las proximidades, se encuentran lugares de interés, como Conquezuela -ermita y cueva de la Santa Cruz, con sus cientos de cazoletas rupestres que se remontan, cuando menos, al Neolítico- o Miño de Medinaceli, con varios yacimientos correspondientes a la Edad del Bronce, e incluso un cementerio celtíbero, conocido como el Castillo, en el que se asevera que permaneció el caudillo Viriato cuando las guerras contra el invasor romano. Incluso, cercano, también, al apenas explorado yacimiento antropológico de Ambrona.

Un lugar rico en Historia, que apenas lo aparenta, pero que seguramente depare muchas sorpresas en el futuro.