domingo, 13 de junio de 2010

Nódalo

Hablar de Nódalo, es hablar de un pueblecito tranquilo y apacible en apariencia, situado entre montes, a apenas una veintena escasa de kilómetros de la capital soriana. Como en todos los pueblos, por regla general, en Nódalo también hay un perro ladrador, que te persigue con la frenética insistencia de sus ladridos, le hagas caso o no. Pero en un principio, cuando salí de Calatañazor y vi el cartel, recordé unos sencillos y curiosos capiteles que hace tiempo el buen amigo Lima colgó en su inestimable blog El Ojo de Soria, y que, aparte de captar mi atención, también captaron la atención de unos entrañables amigos. La ocasión, pues, para visitar Nódalo, la pintaban calva.
Situada sobre un altozano, a mitad de pueblo, aproximadamente, la iglesia de San Miguel apenas conserva vestigios de su arcana cuna románica -ese arte al que algunos autores, probablemente iluminados, denominan como el estilo de la peregrinación- si exceptuamos la portada. No es nada infrecuente, tampoco, que tenga el pequeño cementerio adosado y un diminuto pradillo vallado, desde el que asomarse al microuniverso rural que la circunda, incluído el montículo donde los vecinos, por alguna razón de orgullo bien entendido, supongo, han colocado piedras blancas con el nombre del pueblo. De manera, que éste se puede ver en la distancia...


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