miércoles, 24 de febrero de 2010

El enigma de la Virgen de la Estrella

'Mientras elaborábamos el manuscrito de este libro descubrimos una insólita ley histórica que, a estas alturas, nos atrevemos ya a anunciar: todos aquellos santuarios, enclaves geográficos y blasones cuyas tradiciones, raíces toponímicas o escudos heráldicos alberguen luces y estrellas solitarias -o en pequeñas formaciones- commemoran, por lo general, antiguos episodios ufológicos...'.
[Javier Sierra y Jesús Callejo: 'La España extraña', Random House Mondadori, S.A., 1ª edición, febrero 2008]

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A veces nos encontramos con lo insólito, con el misterio, cuando menos lo esperamos. Sigilosa, inadvertidamente, esa mano invisible del fatum griego que representa algo tan abstracto e impredecible como es el destino, interviene, obedeciendo única y exclusivamente a sus propias leyes, haciendo que las piezas del extraordinario ajedrez humano se enfrenten a retos y misterios que, aunque inesperados, consiguen atrapar la atención, generando más incógnitas, más hipótesis y más desaliento, pues en el fondo, como en el presente caso, la ignorancia es total. Es la tela de araña de esa gran desconocida que en el fondo es la Historia, y nosotros, a priori, los insectos que, por ávidos o por incautos, caemos una y otra vez en sus envolventes redes, pues una cosa es segura, y es que nunca dejar de sorprendernos.
Soria, desde luego -tan próxima o no al olvido, como Teruel- es una provincia que nunca deja de asombrarme; un reducto histórico y pertinaz, que muestra sus piezas con la puntual habilidad de un gran maestro de ajedrez conocedor de todas las tácticas, tanto ofensivas como defensivas.
Las sorpresas, como la lotería, están sujetas a la fortuna, y ésta, escurridiza, caprichosa y veleta, se muestra sólo cuando y a donde quiere. Quizás por eso, tardara algún tiempo en percatarme, si bien mis visitas al monasterio de San Juan de Duero habían sido frecuentes, y en cierta medida, trascendentales, por cuanto se trata de un lugar en el que siempre hay algo nuevo por descubrir: una marca de cantería, un efecto óptico, un detalle inadvertido en un capitel o simplemente una mera visión de conjunto bajo una nueva perspectiva. No en vano, se puede decir que forma parte activa de la Sección Medieval del Museo Numantino, y ese detalle puede hacer que, después de todo, las escasas -escasísimas, diría- piezas sueltas que guarda en el interior de la iglesia, pasen, de alguna manera, desapercibidas ante la inmensidad, poco menos que única, de su conjunto.
En realidad, y para ser sincero, sobran dedos en una mano para contar dichas piezas sueltas: dos. Esta escueta dualidad no impide, sin embargo, recabar al menos la importancia de una de ellas.
Situada junto al epitafio de un rabí judío de nombre Abraham Satabi -un fragmento de lápida de arenisca de sección pentagonal, del siglo XIII- una pequeña imagen virginal de madera policromada y aproximadamente una altura de 30 centímetros, sin restaurar, llama poderosamente la atención. Se trata de la Virgen de la Estrella, y al igual que el mencionado fragmento lapidario, también está datada en el siglo XIII. No obstante, a diferencia de éste, que procede de la necrópolis de la aljama de Soria, situada en la ladera del castillo, el origen, a priori, de la virgen románica se localiza en uno de los lugares más misteriosos y carismáticos de la provincia: Caracena.
Caracena, como el cercano Tiermes -Termes o Termancia- constituye aún hoy, al cabo de los siglos, un completo enigma. Su génesis se remonta al alba de los tiempos, a esas épocas repletas de desgarrones en las páginas de la Historia, de las que existe un conocimiento incompleto, gracias a los restos de diferentes periodos y culturas localizados en su entorno.
Referente al tema que nos ocupa, es muy interesante la opinión de Agapito Lima, cuando afirma: te habrás dado cuenta de que Caracena es invisible durante todo el camino que llega de Carrascosa. El pueblo aparece súbitamente tras la última curva. Todos los accesos al pueblo son así, también entrando por el camino de herradura que viene de Tarancueña y de las Hoces. El castillo es invisible desde el pueblo y viceversa. Entre tanto escondite, se hace necesaria una luz, por qué no la luz de una estrella...
Una acertada descripción, desde luego, que le hace justicia e incluso acrecienta, aún más, si cabe, su calificativo particular de enclave misterioso, que aún conserva, en gran medida su estatus arquitectónico medieval.
De los siglos XII-XIII, y época románica, por tanto, son las dos iglesias que, afortunadamente, aún se mantienen en pie dentro del casco urbano del pueblo: la iglesia de Santa María y la iglesia de San Pedro. Existe, en aparente buen estado, otra construcción religiosa a las afueras del pueblo, la ermita de la Virgen del Monte que, a juzgar por el cartel que luce en el maderamen de su puerta de entrada principal, debió de sufrir saqueos en el pasado. La talla de la Virgen del Monte, titular de la ermita, aún a falta de restauración, se conserva, no obstante, en el interior de la iglesia de San Pedro, junto con otra imagen, románico-gótica que, debido al desconocimiento de su primigenia filiación, se conoce como Virgen del Rosario; apelativo al que se recurre con frecuencia en estos casos de olvido de identidad.
Parece evidente, y he aquí que vuelvo a recordar el párrafo de Javier Sierra y Jesús Callejo, que en la naturaleza de la Virgen de la Estrella debió de producirse, allá por el tiempo de su talla -siglo XIII- algún fenómeno desconocido, de origen luminoso que influyó en la designación de su advocación. Fenómeno, por otra parte, común a numerosos lugares de la geografía peninsular, que supuso el origen de numerosas leyendas, e incluso de la fundación de ciudades, como es el caso de Estella, localidad navarra situada a escasos kilómetros de un centro neurálgico del denominado Camino Jaqués, como es Puente la Reina.
Puede ser, también, que este supuesto fenómeno no fuera tal, y ésta pequeña y desconcertante imagen románico-mariana recibiera su nombre porque en la iglesia que la albergara -recordemos que en Caracena hubo varias, aparte de las sobrevivientes, ya mencionadas- tuviera alguna luz que actuara a modo de faro para caminantes y peregrinos -simbólicamente hablando, como una estrella guía- aunque yo me inclino, aún a falta de documentos o de testimonios que lo certifiquen, por lo primero.
Sea como fuere, y mientras lleguen nuevos datos que aportar, de lo que no me cabe duda es de que, hoy por hoy, la Virgen de la Estrella constituye todo un enigma digno de una profunda investigación.

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domingo, 21 de febrero de 2010

Ángel Almazán: visión de las pinturas de la parroquial de Matanza de Soria

Recomendado para todo aquél que desee profundizar más en los misterios de un pueblo cidiano tan emblemático como Matanza de Soria. Ángel Almazán, gran conocedor de la provincia, nos introduce, con este gran artículo, en su visión simbológica, acercándonos, de paso, algunas imágenes inéditas, no siempre al alcance de todo el mundo, como pude comprobar en mi última, aunque espero que no definitiva visita:


Así mismo, recomiendo, también, su, podríamos decir, recién iniciado blog dedicado al Camino de Santiago, que no dudo será de enorme interés para muchos y al que auguro una feliz y longeva existencia: