miércoles, 13 de enero de 2010

Rejas de San Esteban

'Éste es un viaje en el tiempo y en la geografía. En el tiempo, hacia el pasado, hacia la época en la que se construyeron esos maravillosos edificios que han sobrevivido al tiempo como representaciones de la ciudad de Dios en la tierra y que conocemos como catedrales, y, en la geografía, a través de un país que es un mosaico de regiones tan diferentes como sus paisajes...'.
[Julio Llamazares: 'Las Rosas de Piedra', Santillana Ediciones Generales, S.L., 2008]
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Es evidente que en Rejas de San Esteban no hay catedral, aunque sí dos excepcionales edificios a los que, con toda justicia, bien podría definir como auténticas rosas románicas: la iglesia de San Ginés y la iglesia de San Martín. Ambas iglesias, como sus homónimas de San Esteban de Gormaz, se pueden clasificar, en mi opinión, dentro del románico más antiguo de la provincia; es decir, aquél que surgió en los siglos XI y XII, y que se caracteriza por ser un periodo en el que el sueño de la Reconquista comenzaba a tener visos de realidad. Curiosamente -y este detalle, no deja de tener su lado malicioso y desconcertante- junto a un letrero que indica la distancia al pueblo -3 kilómetros- figura otro, con su color rosa chillón indicativo de Monumento Histórico Artístico, en el que se puede leer, textualmente, lo siguiente: 'iglesia románica'.
Este detalle, que en principio puede carecer de importancia, desconcierta al viajero que, una vez dejados atrás los viñedos que le escoltan a ambos lados de la carretera en su desplazamiento hacia el pueblo, descubre -maravillado y descorazonado a la vez- que además de la parroquia titular, la iglesia románica de San Ginés, existe otra, situada en la parte más alta del pueblo, que posee unas líneas elegantes y proporcionadas, y que aún hoy, al cabo de los siglos y los numerosos avatares históricos, conserva -no voy a decir que intacta, pero sí razonablemente en buen estado- gran parte de su estructura, o mejor dicho, de su encanto románico original; me refiero, a la iglesia de San Martín.
Pero vayamos por partes. Decía lo de maravillado y descorazonado a un tiempo, refiriéndome a la iglesia de San Ginés, porque, aún muy modificada su estructura original, ofrece un mensaje de interés en la temática de sus canecillos, así como en la de los capiteles que decoran su galería porticada, aunque descorazona, y mucho, observar el progresivo deterioro de éstos y la consiguiente amenaza que supone el que llegue un momento, tal vez no demasiado lejano, en que se pierdan definitivamente, pasando su arcano mensaje a formar parte del polvo de los caminos.
Es con referencia a los capiteles, que me llama poderosamente la atención, uno en particular, que sigue la misma traza -o al menos, muy sospechosamente parecida- a esos otros que tuve oportunidad de observar el pasado mes de agosto en algunas iglesias románicas de las Merindades burgalesas (1). Se trata de un capitel relacionado con el Camino de Santiago, y que suele ser asociado con la llegada a puerto de los peregrinos; en éste caso concreto de las Merindades, puede hacer referencia, por su relativa cercanía, a los puertos cántabros de Santoña y San Vicente de la Barquera, en los que desembarcaban los peregrinos que acudían a España por mar.
Desde luego, no es un capitel que se observe con frecuencia en el románico soriano; de hecho, es el primero de su clase con el que me encuentro, si exceptuamos el extraordinario capitel que se encuentra en Garray, en el interior de la ermita de los Santos Mártires -antiguamente, de San Miguel, y situada a escasos metros de las ruinas de Numancia- que es de los más bellos y mejor trabajados en su género que conozco y que, contando el número de personajes -doce- navegando en tres pequeños barquitos, bien pudiera hacer referencia a los apóstoles, distribuyéndose por el mundo para predicar el Evangelio. De ellos, no obstante, destaca el personaje que navega en solitario en el barquito central -al que el cantero, por un buen motivo, no me cabe duda, le da cierta relevancia sobre el resto- y que quizás represente el pilar de la iglesia católica: San Pedro.
Con respecto al resto de capiteles, y al contrario que en la iglesia de San Martín, además de los referentes vegetales, en San Ginés se observa cierta variedad motiva, que va desde las alusiones funerarias -obsérvese en el vídeo el capitel donde se detalla el enterramiento del que, a primera vista se puede identificar con un músico o un juglar, a juzgar por el instrumento que el oficiante parece estar depositando junto al cuerpo inerte- a la representación de aves -cigüeñas con los cuellos entrelazados, y bestias afrontadas, motivo éste que se repite en otras iglesias de la zona, como por ejemplo, en la parroquial de Berzosa, así como también en la segunda iglesia de Rejas de San Esteban: la iglesia de San Martín.
Tampoco hemos de olvidar la figura del centauro-sagitario, que en el caso de la iglesia de San Ginés, se encuentra representada tanto en un capitel de la galería, como en uno de los canecillos que adornan la parte superior del pórtico de acceso, y que podría conllevar algún simbolismo astronómico o astrológico, propios de la época.
(1) Como por ejemplo San Pantaleón de Losa o la iglesia de Nª Sª de la Asunción, en la población burgalesa de La Cerca.

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