sábado, 15 de agosto de 2009

Soria, ¡qué guapa es! II

La Soria de los Poetas

He andado muchos caminos...Caminante, no hay camino, ¡se hace camino al andar!, fragmentos de grandes poemas, de grandes verdades; pedazos de alma que un gran poeta repartió por todos y cada uno de los rincones de una provincia, pequeña y hasta es posible que políticamente incorrecta o inconveniente -lo digo más que nada por el olvido de las grandes administraciones- que es, paradójicamente, grande en Historia, afortunada en recuerdos y esencial en belleza: Soria.
En una provincia con tales características, y dada, también, su cercanía a varias grandes capitales, es fácil marcarse rutas. Por eso, en mi opinión, la Ruta de los Poetas es, sencillamente, fascinante: el monasterio de San Juan de Duero y el Monte de las Ánimas, de la terrible y fascinante leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer; la Puerta del Monasterio templario de San Polo, donde éste también situó el escenario ideal para otra de sus leyendas, el Rayo de Luna y comienzo de ese Paseo de los Enamorados que magistralmente retratara Antonio Machado, con los álamos del río, que tienen grabadas iniciales que son fechas...El recuerdo a otro poeta admirador de la tierra soriana, como Gerardo Diego y su eterno poema dedicado al Duero...Los gallos, que aún cantan al amanecer en Medinaceli, posiblemente en homenaje a aquél jovencísimo poeta norteamericano, Ezra Pound, al que un día levantaron con su canto, habiendo dormido en un pajar...El inmortal Santero de San Saturio y su evocadora, inolvidable descripción de Numancia plasmada genialmente por un hijo de Tardelcuende: José Antonio Gaya Nuño...Y por supuesto, la enigmática, fascinante Laguna Negra de los Picos de Urbión, donde, aparte de la leyendas tradicionales de la zona, Machado eligió para el escenario de una obra inolvidable: la Tierra de Alvargonzález...
Bienvenidos, pues, a la Soria de los Poetas, y si alguien hace caso de la presente recomendación...¡buen provecho!.


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