sábado, 29 de noviembre de 2008

Soledades de Medinaceli

'En el momento presente, mi vida es una sinfonía compuesta de tres movimientos distintos: "muchas personas", "algunas personas" y "casi nadie"...'.
[Paulo Coelho: 'Ser como el río que fluye']

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La aventura había comenzado como siempre: diana a las 6 de la mañana; unos minutos de calentamiento para no reventar el turbo del coche; el llenado del depósito en la gasolinera habitual y la compra de una botella de 'aquarius' para mitigar la sed del camino; unos minutos para tomar un café y comprar tabaco en el bar de siempre, cuyo nombre curiosamente no recuerdo y para nada me importa, pero cuyas señas son inolvidables, pues en él se dan cita todos los juerguistas de Vallecas en retirada, y en el que paro porque se encuentra de camino hacia la M-40.
Una vez en ella -el tráfico era escaso- reconozco que miré con cierta nostalgia el desvío hacia la nacional II, la de Barcelona, que tan conocido me es, continuando mi camino en dirección a Burgos, siendo todavía de noche.
Una hora más tarde, una fina llovizna y algunos bancos de niebla, me sorprendieron en las cercanías del puerto de Somosierra, y sin saber muy bien por qué -quizás por haberlo leído recientemente- me vino a la memoria aquél episodio de la Guerra de la Independencia, cuando los ejércitos franceses avanzaban hacia Madrid en unas condiciones climatológicas tan terribles, que muchos soldados gritaban entre el fragor de la ventisca animando a sus compañeros a pegarle un tiro a Napoleón.
No obstante, el ruido de campanas del GPS, advirtiéndome de la proximidad de un radar, me obligó a centrar mi atención en el panel de la velocidad, manteniendo ésta en los 80 kms/h reglamentarios para aquél tramo, situado recién salido del túnel.
Algunos kilómetros más adelante -en el 105, si no me falla la memoria- y tomando el desvío hacia Riaza, recordé, también, que por las cercanías solía poner controles la Guardia Civil -la última vez, una piedra recogida meses antes en Tiermes y olvidada en uno de los bolsillos del anorak levantó las suspicacias de la Benemérita- y como tampoco llevaba ninguna prisa, extremé las precauciones, manteniendo una velocidad prudente y acorde con la señalización de la vía.
En un principio, sólo el paisaje alteraba mi soledad. Pasados unos minutos, sin embargo, varios vehículos me pasaron a una velocidad tal, que inmediatamente centré mi atención en el espejo retrovisor, temiendo que el mismisimo diablo viniera por ahí detrás y se estuviera preparando para echarme el guante. No viendo rastro alguno de tan funesto personaje -no hace mucho, leí en alguna parte que éste últimamente andaba bastante ocioso, porque ya nos encargábamos los hombres de hacer su trabajo-, continué mi viaje tranquilamente, no tardando mucho en dejar a un lado la población de Riaza, mientras acortaba la distancia que me separaba de Ayllón y Maderuelo, poblaciones en las que deseaba centrar mi atención.
Un cielo turbio, de aspecto tristón y ceniciento, se cernía sobre Ayllón. A juzgar por el estado de humedad y los charcos que se apreciaban en el adoquinado de la Plaza Mayor, supuse que la lluvia había estado presente durante la noche del viernes, e interiormente rezé porque aguantara y no me fastidiara el viaje.
Había mucho que ver en Ayllón, desde luego, pero en el fondo, creo que lo más extraordinario -aparte de la mencionada Plaza Mayor- lo constituye la iglesia románica de San Miguel; la iglesia barroca de Santa María la Mayor -en cuya construcción se malograron las demás iglesias románicas que existían en la villa-, la Torre Martina, con forma de molar dominando la ciudad desde el punto más alto, y la antigua casa palacio del obispo Vellosillo, actualmente convertida en el Museo de Arte Contemporáneo, así como el pasear entre sus calles, las paredes de una gran mayoría de cuyos edificios, destila aún un inolvidable sabor medieval.


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Las Edades del Hombre vuelven a Soria

Apenas queda un mes para decir adiós a este año 2008, que es de preveer -exceptuando la crisis mundial, provocada en su mayor parte por esa desmesurada gula inmobiliaria y esa rapiña crediticia promovida por bancos y entidades de ahorro- habrá deparado un balance muy personal a cada uno, entre cuyos activos figuren alegrías y decepciones, las cuales, espero, no constituyan motivo suficiente para hacer que no cejemos en el empeño y miremos al futuro con optimismo y confianza.
Como no he nacido con las dotes adivinatorias, pongamos por ejemplo, de Rappel, no me atrevería a hacer aquí ningún tipo de pronóstico. Pero, dado que algo tan importante y que tan grata aceptación ha despertado a nivel nacional -e incluso internacional, si me apuran- como son Las Edades del Hombre, me atrevería a decir que el próximo año será para Soria un año venturoso, pues en sus tierras, y más concretamente en dos de los lugares más emblemáticos de la provincia, como son la ermita de San Baudelio de Berlanga y el claustro románico de la Concatedral de San Pedro, algunos esperamos asistir a esta nueva edición, que no me cabe duda -y a pesar de la dichosa crisis- atraerá gran número de visitantes.
Inserto a continuación, una alerta de El Heraldo de Soria, que saltó en mi buzón hace un par de días, y en la que, entre otros pormenores, informa del acontecimiento. Vergüenza me da decirlo, pero todavía no he visitado la ermita de San Miguel de Gormaz, que también formará parte del evento, como sede externa:

Edades del Hombre
'Paisajes de interior' en la concatedral soriana

'Paisaje interior' es el título de la exposición que podrá verse durante el próximo año en la concatedral de San Pedro, incluirá como sedes externas la ermita de San Baudelio, en la localidad de Casillas de Berlanga, y la ermita de San Miguel de Gormaz, cuyos trabajos de restauración han sido terminados recientemente por el Gobierno regional.El cartel de la muestra refleja la imagen de una columna palmera de la ermita soriana de San Baudelio, una fotografía interior del templo. Además, en las paredes de San Baudelio se encuentra representado el logotipo de Las Edades del Hombre, de forma que hace referencia a los comienzos de la exposición.Esta exposición reunirá en torno a 180 obras, todas ellas de las diócesis de Castilla y León que podrán contemplarse desde mayo hasta diciembre de 2009 en la concatedral de San Pedro de Soria.Contará con dos partes. La primera de ellas constará de cinco capítulos, que se desarrollarán en la nave del templo, mientras que la segunda estará centrada en el claustro de la concatedral.El primer capítulo justificará que esta edición se celebre en la capital soriana por varias razones como son el cincuenta aniversario de la elevación de la Colegiata de San Pedro al rango de concatedral, por ser Soria la única capital de la comunidad por la que todavía no ha pasado esta muestra y por el noveno centenario de la muerte del obispo que restauró la Diócesis, San Pedro de Osma. Tras esta introducción, se recogerán en cuatro capítulos las ideas que desarrollan el tema del 'Paisaje Interior', y en cuanto a la segunda parte, en el claustro, será una explicación del sentido de este punto y del arte románico que introdujo en la comunidad, y al mismo tiempo, servirá como recopilación de un ciclo de exposiciones por las catedrales de las diócesis castellano y leonesas.La fe, vivencias y devociones son algunos de los valores que transmitirá al visitante esta nueva exposición en los 2.300 metros cuadrados reservados dentro de la nave principal y el claustro de la concatedral de San Pedro.El Patronato de la Fundación 'Las Edades del Hombre', integrado por los once arzobispos y obispos de la Diócesis de Castilla y León, designó oficialmente al actual delegado diocesano de Patrimonio de Osma-Soria, Juan Carlos Atienza, comisario de la exposición que se celebrará en Soria en 2009. El responsable, de 47 años y natural de Atauta, cursó sus estudios en el seminario diocesano de El Burgo de Osma (Soria), Burgos y Roma, para ordenarse en 1984.En 1997 la Exposición de El Burgo de Osma llevó por título La ciudad de los seis pisos y fue un recorrido cronológico en seis etapas por la historia de la Diócesis de Osma-Soria. El guión también explicaba qué es una diócesis y la misión del Obispo en su cátedra. Se cumplen 20 años desde que Las Edades del Hombre presentara su primera exposición, 'El Arte en la Iglesia de Castilla y León', celebrada en la Catedral de Valladolid en 1998. Desde entonces y hasta el próximo año, el arte religioso de Castilla y León ha recorrido todo el mundo, desde Astorga hasta Nueva York pasando por Amberes, Salamanca o León.

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lunes, 24 de noviembre de 2008

De portadas para afuera: la rosa románico-gótica de El Burgo de Osma

'La Catedral Románica, comenzada por San Pedro de Osma, tuvo corta existencia, pues, en el siglo XII, fue casi totalmente destruída, para levantar la gótica, amasada con las ruinas sacrificadas de aquélla...'.
[José Arranz Arranz: 'La Catedral de El Burgo de Osma', guía turística, editada por el Ilmo. Cabildo de S.I. Catedral, 1995]

Sus orígenes son humildes, románicos, remontándose en el tiempo a los siglos XI y XII. Posiblemente, ya naciera en los sueños de San Pedro de Osma, acunados cuando aún éste predicaba en una ermita de la cercana ciudad de Uxama -se supone- y cuyos restos todavía no han sido localizados. De desigual fortuna en la vida, y de similar manera a como acontece con los seres humanos, la catedral de El Burgo de Osma fue medrando desde sus orígenes, aumentando sus dimensiones, su fortaleza, su aspecto y su poder con el paso de los años.
Diferentes estilos fueron sucediéndose, pues al primigenio románico pronto le siguió el gótico, el barroco, el renacentista...hasta llegar a nuestros días, convertida en una auténtica Fortaleza Artística, salvaguardada por docenas de cámaras y visitada anualmente por miles de turistas, las huellas de los flashes de cuyas cámaras -siempre furtivas en el interior- aún parecen iluminar, en parte, la fría solidez de sus milenarias piedras.
Como rosa mística de conocimiento -portadora, entre otros, de ese arte goético que tanto apasionaba a Fulcanelli- la catedral mantiene incólume el reto encaminado a descifrar sus secretos, sus infinitos misterios; constituyen estos las espinas de la rosa; esas con las que se topan constantemente historiadores y curiosos, los mismos que recogen el guante lanzado por esas figuras, por esos símbolos en apariencia perfectos, pero también grotescos, que les contemplan incólumes desde esa otra realidad pétrea que el cantero cinceló, posiblemente con la mejor de sus intenciones, y nunca mejor dicho, perdóneseme la redundancia.
Esto me trae a la memoria, una pequeña anécdota que me aconteció el sábado pasado en Ayllón. En la misma puerta de la iglesia barroca de Santa María la Mayor -en realidad, se trata de un híbrido, pues en su construcción se utilizó la piedra de gran número de iglesias románicas, cuya huella aún se puede ver a poco que uno se de una vuelta observando sus muros- le pregunté al párroco -que previamente y con gran amabilidad me permitió sacar algunas fotografías en el interior- si conocía algunas casas antiguas encima de cuyo umbral se observaran 'símbolos extraños'. Con una sonrisa, no desprovista de una gran amabilidad, también, me contestó que no. Pero refiriéndose a los símbolos, me dijo:
- Los símbolos nunca son extraños; simplemente, ocurre que a veces no los entendemos.
He ahí la cuestión.
Generalmente, cuando nos detenemos a admirar la estética de estos auténticos centros pétreos de Cultura y de Saber -así, tal cuál, con mayúsculas- enseguida nos vemos deslumbrados por una visión generalizada y de conjunto. Pocas, muy pocas veces nos detenemos a observar, fijando nuestra atención en los pequeños detalles.
En ocasiones -sobre todo si hemos planificado de antemano la visita- portamos, junto con las cámaras y el cuaderno de notas, una guía que nos 'oriente', pero que raras veces satisface con garantías nuestro deseo de profundizar, de ir más allá de lo frío, estricto y oficialmente establecido.
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domingo, 23 de noviembre de 2008

Pueblos fronterizos: Castillejo de Robledo

En realidad, la ruta que tenía prevista para ayer, se basaba en tierras segovianas, y más concretamente, en las poblaciones de Ayllón y Maderuelo. En Ayllón, porque es una de esas poblaciones castellanas que aún conserva un regustillo medieval con que a veces deleitar ese paladar romántico que tiene todo viajero soñador y en Maderuelo porque, amante del Arte y perquisitore de huellas templarias, tenía que intentar entrar en esa humilde y pequeña ermita del siglo XII, denominada, también, de la Vera Cruz cuyas importantes pinturas, son hoy día admiradas en el Museo del Prado, junto a las de San Baudelio, por miles de personas.
Como en el fondo soy un nostálgico, y teniendo en cuenta que apenas me hallaba a una decena de kilómetros de la frontera soriana y otro lugar no ajeno a la historia de estos singulares caballeros, una vez finalizada ésta rápida visita a Maderuelo -y digo rápida, porque la próxima he de planearla con más tranquilidad, valorando los datos que ahora poseo- me dije: '¿por qué no?. Así podré comprobar cómo van los trabajos de restauración de la iglesia románica de Nª Sª de la Asunción'. Dicho y hecho.
He de decir, por otra parte, que los trabajos de restauración de la iglesia van despacio, después de un largo año, y todavía ronda largo para su apertura al público. No obstante, cuando ésta se lleve a cabo, recomiendo su visita, interese o no el tema del Temple y la frenética actividad sexual desplegada en dos de los canecillos de su ábside, pues por dentro éste, no me cabe duda, no defraudará a nadie.
Como complemento, ofrezco una panorámica de la belleza de este pueblo fronterizo, cuya historia es larga y dulce al paladar, como el sabor incomparable de sus vinos. Además, es Ruta Cidiana.


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Crónicas del nuevo cerco a Numancia


La nueva tragedia de Numancia, que hace un tiempo parecía pasar ligeramente desapercibida entre los medios de comunicación, pues si bien éstos informaban, no lo hacían con la frecuencia necesaria y con todo el rigor que -en mi opinión- debieran, parece estar dando un giro positivo. De un tiempo a esta parte, he podido observar un aumento de noticias referentes a los proyectos tendentes a enturbiar y malograr un entorno que, dada su importancia histórica y arqueológica, debería de ser unilateralmente protegido frente a los vergonzosos monopolios promovidos por los Señores del Ladrillo.
La nueva tragedia de Numancia, como digo, se hace eco en los medios de comunicación, coincidentes, por regla general, en comentar una barbarie que -a juzgar por el enconamiento de la Junta y el Ayuntamiento de Soria- hace sospechar en la posible existencia de oscuras motivaciones subterráneas, rayanas en la ilegalidad.
Quizás influídos por la manera en que se van desarrollando los acontecimientos durante estos últimos meses, la Comisión de Medio Ambiente del Ayuntamiento -quizás para cubrirse unas espaldas, que desde luego en este caso ya tiene bastante mojadas- ha solicitado un informe a la Universidad de Valladolid acerca del impacto que causará la macrocárcel en el entorno de la Laguna y de Valonsadero, sospechosamente algún tiempo después de que el proyecto urbanístico en torno a Numancia llegara a la Comisión Europea.
Esperemos que finalmente los periódicos se hagan eco, también, de la marcha atrás de los nuevos Escipiones y Numancia conserve el valor y los privilegios inherentes a su antigua y ejemplar historia.