sábado, 16 de agosto de 2008

Ágreda, el Cristo Templario

Poco queda de la presencia templaria en ésta hermosa ciudad, situada en las estribaciones del mítico, legendario Moncayo, pues incluso aquéllas antiquísimas ruinas que se localizaban en las afueras de la ciudad y que eran consideradas tradicionalmente como pertenecientes a un 'antiguo convento de templarios', duermen definitivamente su sueño eterno, debajo de los cimientos de lo que actualmente es un centro juvenil, según me indicó amablemente la guía que durante estos meses de verano, se encarga de abrir y comentar algunas de las peculiaridades de la iglesia gótica de San Miguel.
Situada cerca de la iglesia-santuario de Nª Sª de los Milagros, a escasos metros por encima de la Casa Palacio de los Castejones, la visión de la sólida, compacta estructura -octogonal en parte- de ésta carismática iglesia, hace pensar en esos templos-fortaleza que se pueden admirar todavía en numerosas regiones de nuestra geografía, y que permiten hacerse una idea, siquiera de pasada, de las continuas grescas y batallas que fueron moldeando la Historia de nuestro país.
Esa parte de arquitectura octogonal a la que nos referíamos, y que caracteriza a la iglesia de San Miguel, también induce a pensar en esas otras teorías, adoptadas por numerosos autores, que la definen como ejemplo de un controvertido modelo de 'arquitectura templaria', basada -cómo no- en las peculiaridades de la Cúpula de la Roca, de Jerusalén, lugar donde se situaba el antiguo Templo de Salomón y punto posterior de ubicación de la mezquita de Al-Aksá, el lugar más sagrado de los musulmanes después de La Meca.
De lo que no cabe ninguna duda, y en esto la tradición oral se mantiene firme y persistente, es en el detalle de atribuir una más que probable 'naturaleza templaria' al Cristo que se conserva en el Santuario de Nª Sª de los Milagros. Hasta tal punto es persistente la tradición, que basta sólo con preguntar por el 'Cristo templario', para que inmediatamente te remitan hasta el lugar donde todos dan por hecho que se encuentra: en uno de los laterales del santuario de Nª Sª de los Milagros, junto a la estatua de San Pedro, sedente y rostro severo, así como un magnífico ejemplar de pila románica, cuya decoración recuerda, en parte, los esquemáticos arcos del monasterio de San Juan de Duero.
Que yo sepa -es evidente que ignoro muchas cosas- no hay o no existe un 'modelo templario' en cuanto a imaginería estatuaria se refiere, aunque hay quien así lo atribuye, basándose en elementos colaterales, como podría ser, por citar un ejemplo, la cruz en forma de Tau, elemento del que existen bastantes referencias en la provincia. No es el caso, desde luego, de éste Cristo agredense, aunque guarda alguna similitud con otro Cristo de tradición templaria, como es aquél que se encontraba en el monasterio de San Polo y en la actualidad se puede contemplar detrás del altar de la iglesia de San Juan de Rabanera, en Soria capital. Me refiero a la posición de las piernas: la izquierda recta y la derecha haciendo ángulo, como si se tratara de una escuadra. Sí parece coincidir, cronológicamente hablando -siglo XIII- en el que la presencia de la Orden todavía resultaba notoria, sobre todo en un país que, en plena Reconquista, recordaba los días de gloria y esplendor en Tierra Santa.
Pero si hemos de hacer caso a la tradición -en cuanto a la posible existencia de Cristos de origen templario-, a estos dos habría que sumar aún un tercer Cristo considerado como tal: el que se puede contemplar en una de las capillas de la iglesia de San Juan Bautista, en Ucero, el cuál, según comentan los vecinos -entre ellos Juan Gonzalo Sanz, guarda forestal del Cañón del Río Lobos- se encontraba antiguamente en el castillo, junto a una virgen románica -la Virgen del Rosario, encontrada en uno de los aljibes- así como también junto a una magnífica y enigmática representación en piedra de Santa Bárbara, a la que vulgarmente se la conoce como la 'Virgen de Piedra'.
Sea como sea, existen en la provincia indicios más que suficientes como para suponer que la presencia de la Orden del Temple fue bastante más que notoria, y aunque se conservan pocos documentos escritos que lo corroboren, la tradición oral, sin embargo, es rica y persistente.

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Ágreda, la Virgen de los Milagros

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miércoles, 13 de agosto de 2008

Misterios de Barahona: los Pozos Airones


Según he podido averigüar, el término relativo a los 'pozos airones', proviene de una oscura divinidad infernal -Airon- cuyo culto, antiquísimo al parecer, se extendía desde el sur de Francia hasta prácticamente toda la Península Ibérica. Estaba relacionado con unas no menos oscuras prácticas de adoración a las aguas y a las profundidades, y aunque era anterior a la conquista romana, también recibió culto por parte de éstos, como demuestran algunas estelas encontradas en varios yacimientos arqueológicos repartidos por diferentes regiones.
Numerosos son, pues, los lugares de nuestra geografía en los que encontramos estos enigmáticos y a la vez peligrosos pozos -foco de gran número de leyendas, por otra parte-, aunque, en lo que a Soria respecta, los más conocidos sean, posiblemente, los de Barahona y Gormaz.
Curiosamente, y en contra de lo que podría pensarse a priori, no se localizan única y exclusivamente en el exterior, en medio del campo -como es el caso de los pozos airones de Barahona, así localizados y cercanos a un campo de deportes- sino que también se pueden encontrar en iglesias, como por ejemplo el pozo airón que existe en la iglesia de la Sey, sita en la localidad conquense de Valeria, cuyo acceso se encuentra tapiado en la actualidad.
Durante mi última visita a Barahona, tuve la oportunidad de platicar unos minutos con un simpático octogenario -Don José Sanz- que encontrándome en la parada del autobús 'estudiando' un plano de los lugares de interés localizados en la ciudad y cercanías, me abordó con gentileza, supongo que preocupado porque me marchara de allí ' sin ver lo que había que ver'.
Después de preguntarme si había visto esto o aquéllo, y de indicarme cómo ir hasta el lugar donde se encuentra la famosa Piedra de las Brujas o Piedra del Aquelarre -hay que estar muy atentos para divisarla desde la carretera- Don José, sin duda encantado de poder charlar un rato, me comentó, refiriéndose a los pozos, que no se sabía qué fuerzas actuaban en ellos ni tampoco a dónde llegaban; pero que hace algunos años, los vecinos realizaron un experimento: echaron algunos trapos en su interior y estos aparecieron en diversos pueblos de Guadalajara. También me comentó el caso del famoso 'agujero' aparecido en un campo de labranza en 1998, y de la suerte que tuvo el vecino del pueblo, propietario del terreno, que había estado trabajando hasta bien entrada la tarde del día anterior a su aparición.
- Imagínate, podía habérselo tragado con el tractor y todo.
En fin, he aquí, sin duda, todo un enigma de índole geológico que, aunque conocido desde la más remota Antigüedad, su misterio se encuentra, todavía, lejos de ser desvelado.


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Misterios de Barahona: la Piedra de las Brujas


Aquelarres, brujería, adoración al Diablo, conciliábulos nocturnos, orgías, elementos todos que, junto a las torturas de la Inquisición, las hogueras y los juicios de Dios conformarían los ingredientes perfectos para hacer una verdadera película de terror. Son historias que asustan, que producen escalofríos y nos hacen santiguarnos supersticiosamente, pero que, a la vez, quizás de una manera inequívocamente morbosa -cualidad inherente al ser humano, que parece estar alcanzado su nivel más álgido en los últimos tiempos- también nos atraen e interesan. Es muy posible que antiguamente, al ser abordados sobre el tema, los ciudadanos de Barahona guardaran silencio, reservando sus comentarios de puertas para adentro, transmitiendo ésta curiosa historia de generación en generación, arropados por la más estricta intimidad. También es posible que formaran parte de ese folklore; de esas historias de terror que se contaban al amor de la lumbre en las frías tardes de invierno, para mantener a raya y temerosos a los más pequeños. Historias que, en el fondo, no dejan de constituir, a su manera, una parte más o menos importante de la educación y formación de un pueblo.
Actualmente, sin embargo, la historia de las brujas de Barahona queda vinculada a los atractivos turístico-culturales de ésta ciudad, apenas una treintena de kilómetros distante de Medinaceli y de esa otra ciudad, Atienza, situada en las cercanías de la Sierra de Pela, en cuyas calles todavía se puede saborear un inequívoco ambiente medieval.
Justamente en la parada del autobús, allí donde un simpático cartel con una bruja montada en su escoba voladora indica que esa pequeña parcela con columpios y toboganes es el parque infantil, bautizado precisamente con ese nombre, 'de la bruja', otro cartel indica la dirección de la famosa Piedra de las Brujas o Piedra del Aquelarre. El referido cartel, señala al frente, a la carretera que enlaza las poblaciones de Almazán y Atienza, y cuando uno posa la vista allí, es realmente difícil ver otra cosa que no sea el asfalto de ésta y los campos que la circundan. De hecho, es necesario preguntar, porque resulta sumamente difícil verla desde la carretera. Y es que, como todo en la vida, nada es lo parece e incluso nuestra famosa piedra brujeril, testimonio de esas oscuras historias a las que nos referimos, ha ido menguando a consecuencia del tiempo y el trato de los hombres.
A tal efecto, hay publicado un libro documentadisimo (1) cuya lectura recomiendo a toda aquella persona que desee profundizar más en este tema, así como en otros temas de interés, referidos a Barahona y su interesante historia. Pues bien, en dicho libro, el autor, Gumersindo García, señala que la piedra -a la que también se conoce como el 'Confesionario de las Brujas'- fue movida durante la Guerra Civil por combatientes del bando nacional, 'en la creencia y curiosidad de hallar algún misterio envuelto en sus cimientos', y que 'este movimiento debió de provocar su deterioro por la mitad'. No dice, sin embargo, si encontraron algo, aunque todo parece indicar que no.
La tarde que me acerqué hasta el lugar donde se encuentra, no dejaba de experimentar una curiosa sensación de soledad. La brisa mecía la hierba dorada por el sol -alta y abundante, excepto en aquellos puntos en que las ruedas de los vehículos habían dejado surcos que se alargaban en paralelo, produciendo un efecto similar en la hierba al del famoso caballo de Atila- y un persistente, terrorífico abejorro negro, no dejaba de volar en círculos, alertando de su presencia con el ruido de sus alas, similar, en escala y comparativamente hablando, al zumbido de los rotores de un helicóptero.
La temperatura de aquél miércoles, como ya venían alertando en los noticias de televisión, era inusualmente elevada, de manera que no debe de resultar extraño si afirmo que auténticos chorreones de sudor corrían por mi cara, no siendo precisamente de miedo. En realidad, no hay nada que temer, a excepción de los peligros que pueda conllevar el circular libremente por el campo, tenga éste algo o nada que ver con brujas o historias similares.
La piedra, curiosa de por sí, tiene un agujero -natural, según todos los indicios- por donde se supone que el Señor de los Avernos, o Macho Cabrío, o Satanás, o Rey del Mal -llámese como se quiera- 'penitenciaba' -según la tradición, y apropiándonos del término utilizado por Gumersindo- a sus creyentes y seguidores.
Este no deja de ser un detalle interesante, en mi opinión, porque hablamos de una época -siglos XVI ó XVII, aproximadamente- en que la picaresca había alcanzado cotas poco menos que olímpicas.
Hay, también, quien pone en duda la veracidad de la historia, al menos en lo que se refiere al ámbito geográfico de Barahona, y la sitúa en otra provincia, cuyo patrimonio cultural también es destacable: Navarra.
Sea como sea; ocurriera en Barahona o en cualquier otra pueblo de la provincia de Soria o de Navarra, cabe la posibilidad de que esta historia -así como otras de similares características- constituyera la pervivencia, bastante desvirtuada, de antiguos ritos de fertilidad, de probable origen celtíbero.
Y también -¿por qué no mencionarlo?- que constituyera la puesta en escena para unas simples escaramuzas carnales, llevados de la mano de una picaresca encaminada a procurarse unos placeres que, como la comida, adolecían de escasez entre el pueblo llano.
Como dato anecdótico -y lo comento, porque me llamó mucho la atención- señalar que la disposición de la Piedra de las Brujas, forma una línea recta perfecta con el pueblo y con la iglesia de San Miguel Arcángel. ¿Casualidad?. ¡Quién sabe!. Lo que sí resulta evidente, es que el llamado 'Sendero de las Brujas' comunica el lugar con otro lugar no menos interesante: el campo donde se localizan los Pozos Airones. Y aquí, desde luego, volvemos a encontrar referencias del Averno, al remitirnos a una oscura divinidad infernal -Airon- y a unos no menos enigmáticos y fascinantes 'misterios subterráneos'.
Ingredientes, pues, no faltan para hacer que una visita a Barahona, merezca realmente la pena.


(1) Gumersindo García Berlanga: 'De Barahona y sus brujas', Editorial Ochoa, Año 2006.


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lunes, 11 de agosto de 2008

Tozalmoro: iglesia de San Juan Bautista (interiores)

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Tozalmoro: iglesia de San Juan Bautista


Situado a unos veinte kilómetros de la capital, siguiendo la carretera N-122 en dirección a Ágreda y Zaragoza, la primera impresión que se tiene al llegar a Tozalmoro, es que, al igual que en muchos otros pueblos de la provincia, el fantasma de la despoblación ha dejado allí una huella bastante más que notable. En efecto, apenas sobreviven actualmente una veintena de vecinos en este pueblo -el número puede aumentar algo en épocas de estío- situado en las estribaciones de la llamada Sierra del Almuerzo, en un punto que podríamos denominar 'caliente' -histórica y arqueológicamente hablando- ya que se localiza poco menos que a tiro de piedra de otros pueblos de similares características, pero que gozan del aliciente añadido de poseer evidentes muestras de un pasado rico y variopinto, del que apenas se ha estudiado y catalogado una pequeña parte, y aún así, los expolios y robos están a la orden del día, como es el caso del cementerio medieval de Renieblas.
En efecto, a cinco kilómetros escasos de Tozalmoro, el pueblo de La Omeñaca, ofrece una excelente muestra del románico de la región, con su iglesia de Nª Sª de la Concepción; algunos restos de probable origen celtíbero, como la cabeza que engalana la fuente del pueblo -cabeza que en su momento intrigó y dieron a conocer los investigadores que por los años 80 colaboraban en la revista Mundo Desconocido, dirigida por el polifacético y ya fallecido Andreas Faber Káiser-, siendo, además, el lugar donde se sitúa la conocida leyenda de los Siete Infantes de Lara, a quienes corresponderían -siempre según ésta- cada uno de los arcos de la galería de la mencionada iglesia, que atravesaron los hermanos en su frenética huida de los árabes. Entre las figuras de su pórtico, cabe reseñar aquella en particular que muestra a un equilibrista -motivo más propio, al parecer, del románico francés- que inmediatamente recuerda a aquéllas otras que decoran el pórtico de la iglesia de la Virgen del Val, en Atienza, Guadalajara o incluso las contenidas en la iglesia de Fuentidueña, Segovia, cuyo ábside sirvió de intercambio con algunas de las pinturas de la ermita mozárabe de San Baudelio de Berlanga, que actualmente se encuentran en el Museo del Prado, de Madrid.
Dos kilómetros más allá, en Aldealpozo, comienza la llamada Ruta de los Torreones, dentro de la cuál, se advierte al visitante, la posibilidad de conocer algunos despoblados notables, como el de Masegoso, por poner un ejemplo. Cabe destacar, por su altura, forma y sensación de robustez, la torre de la iglesia de San Juan Bautista, situada a la entrada del pueblo.
En dirección a Arancón, y distante, aproximadamente, quince kilómetros de estas poblaciones, se encuentra el pueblo de Renieblas, donde abundan los yacimientos arqueológicos -de origen medieval y anterior- y donde la presencia templaria fue bastante más que notable, como demuestra el escudo con un caballero de ésta Orden -encima de lo que en su día debió de constituir una de las puertas amuralladas de la ciudad-, así como la calle a ellos dedicada: Calle de los Templarios, desde la que se contempla la iglesia de la Virgen de la Luz. Se puede añadir, como dato anecdótico, que en Renieblas estuvo haciendo excavaciones el conocido historiador y arquéologo alemán Adolf Schulten -recordemos sus investigaciones sobre la desaparecida y mítica Atlántida-, hecho que se rememora en un monumento a él dedicado, situado en las cercanías del campo deportivo.
La iglesia de San Juan Bautista, en Tozalmoro, es, sin duda, un hermoso ejemplar de templo románico, en el que confluyen numerosas singularidades que no pasan desapercibidas, a poco que se observen con detalle. Dentro de lo que cabe, el templo se conserva en excelentes condiciones -a pesar de su antigüedad, siglos XII a XIII-, destacando la gran variedad, así como la expresividad y calidad -el tiempo y los hombres parece que han sido respetuosos-, de las numerosas figuras que componen su intrincada red de canecillos y capiteles.
De tal manera que, partiendo de la base, por ejemplo, de que el erotismo no suele ser uno de los motivos más frecuentes dentro de lo que podríamos denominar como el 'románico soriano' -sí suele serlo en provincias como Palencia, Burgos o Santander- sorprenden, por su realismo y crudeza, la pareja de canecillos situados en la zona del ábside, que algunos autores han tendido a identificar como 'los desvergonzados amantes' de Tozalmoro.
De un componente sexual mucho más frívolo y directo, en mi opinión, que las famosas parejas del ábside de la iglesia de Nª Sª de la Asunción, en Castillejo de Robledo, o que la vagina y el pene disimulados en uno de los canecillos del ábside de la iglesia de San Bartolomé, en el Cañón del Río Lobos, los canecillos a los que se hace referencia, representan a la figura de la fémina abierta de piernas, vagina y ano perfectamente perfilados, en completa disposición para recibir al amante, mientras que éste, a escasos centímetros de ella, mantiene agarrado el erecto pene con su mano derecha, mientras que en la izquierda -a juzgar por la forma- podría decirse que porta unas monedas. Curiosa alusión al comercio carnal, teniendo en cuenta que el resto de las figuras representan un simbolismo más místico y conceptual, cuyo significado, en al fondo, estamos aún lejos de comprender.
Entre ellas, aunque de forma vertical, destacan dos serpientes entrelazadas -similares a aquéllas otras que se suele representar enroscadas en el caduceo de Hermes- que pueden ser una alusión a la Sabiduría o al Conocimiento, cuando no, representar el símbolo del infinito.
El tímpano del pórtico de entrada al templo, sencillo, muestra una reproducción -bastante 'infantil', en opinión de algunos autores- de aquélla otra obra maestra que se puede admirar en la iglesia de Santo Domingo, en Soria capital.
En el caso que nos ocupa, el tímpano muestra una figura de la Virgen con el Niño sentado sobre sus rodillas, enmarcada en una rudimentaria mandorla; hay cuatro ángeles, así como cuatro personajes desconocidos, dos a cada lado de los ángeles. De los ángeles, llama la atención la disposición de las alas de los dos ángeles que se encuentran situados en el lado inferior, los cuales muestran un ala hacia arriba y otra hacia abajo, que semeja, por su forma, una media esvástica.
Las figuras de los capiteles que se levantan a ambos lados del pórtico, son de temática variada; no obstante, caben destacar arpías con rostro humano -tanto masculino como femenino-, ángeles, rostros y figuras humanas.
El interior de la nave tiene, también, detalles de cierto interés, aparte de hacer sentir en el viajero que tiene la oportunidad de traspasar el umbral, la curiosa sensación de encontrarse dentro de una pequeña fortaleza, como se puede ver en el vídeo que ilustra la siguiente entrada.


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domingo, 10 de agosto de 2008

Romería de la Virgen de la Santa Cruz: agradecimientos



No podría poner punto y final a este pequeño monográfico sobre Conquezuela y la Romería de la Virgen de la Santa Cruz, sin mencionar, aunque sea brevemente, a Francisco Carlos Solé Llop. Con personas como él, es difícil ser una isla. Lo supe nada más aparcar el coche y pisar la yerba dorada por el sol. Fue la primera persona con la que me cruzé y de hecho -lo siento San Miguel- se convirtió en mi perfecto ángel de la guarda durante el transcurso de la Romería.
Francisco es escritor. Y muy bueno, en mi opinión, porque sabe hablar con maestría de las cosas sencillas. Una de sus últimas aportaciones para la reparación del tejado de la ermita de la Santa Cruz, es un cuento. Un cuento entrañable, sencillo, interesante y ameno, que recomiendo a todos aquellos que quieran profundizar un poco en las características del entorno de Conquezuela y de sus habitantes. Leyendo el cuento de Francisco -'Conquezuela y la ermita de la Virgen de la Santa Cruz'- es difícil no penetrar en la piel de sus protagonistas y dejarse envolver por la sencillez con la que afrontan su vida en un entorno maravilloso, pero también de extrema dureza. Es, posiblemente, comprendiendo esto, como se entiende un lugar espiritual y trascendente y una devoción mariana que está por encima de cualquier divagación extraordinaria.
Pero si sorprende la faceta de Francisco como escritor, sorprende mucho más su exquisita amabilidad. Su sentido, profundo y noble, de la hospitalidad. Sentido, por otra parte, extendible a su señora y familia, que me recibieron con los brazos abiertos y aunque mi presencia podía ser un pequeño incordio, ocupados como estaban en los preparativos de la romería, su paciencia y buena voluntad, ocuparán siempre un lugar entrañable en mi corazón.
No sé, Francisco, si podré asistir a tu generosa invitación para comer dos corderos el próximo sábado en Conquezuela y presentarme 'al Javi', ese otro madrileño que conoce muchas cosas del lugar. Pero lo que sí sé, querido amigo, es que siempre estaré en deuda contigo por tu extraordinaria generosidad. No es nada fácil, en los tiempos que corren -como diría Agapito- encontrar personas tan nobles como tú. Muchas gracias por todo. Y como bien dices debajo del Calendario Perpetuo que sirve como contraportada de tu cuento:
'Sólo hay pasado y futuro, el presente no existe, porque el tiempo no se detiene'.



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Conquezuela: interiores de la ermita y cueva


Ignoro si se abre en ocasiones especiales, como ciertas fiestas de renombre -San Juan, por ejemplo- o en Navidades. Hasta donde mi información llega, la ermita permanece obstinadamente cerrada hasta el día 9 de agosto, festividad de la Virgen de la Santa Cruz y consiguiente romería. Bien es cierto que tenía una enorme curiosidad por ver esta ermita por dentro. Son varias las veces que he deambulado por el entorno y siempre, siempre me he preguntado cómo sería su interior. Pues bien, ayer, por fin, pude saciar mi curiosidad. Y en modo alguno puedo decir que la espera no haya merecido la pena.
Se equivoca aquella persona que pretenda encontrar grandes tesoros en su interior; o respuestas a un sin fin de misterios relacionados con su entorno, su ubicación de soledad o el rancio abolengo temporal de su Virgen.
Sí es cierto, que uno siente que se encuentra en un lugar sagrado desde el mismo momento en el que pone los pies en el umbral. Como dice Agapito, la ermita se construyó hace cuatrocientos o quinientos años. Y no fue el clero quien la construyó -he aquí otra desmitificación, por cuanto que, aunque cierta en otros lugares de culto posteriormente sacralizados por la iglesia, no es éste precisamente el caso- como ha dejado bien claro Agapito en sus declaraciones. Fue la fe de los vecinos de Conquezuela y de otros pueblos de alrededor quienes, seguramente influenciados por la benéfica naturaleza del lugar, decidieron dejar cumplido testimonio de su amor y devoción por la figura de la Virgen.
Sí es cierto, sin embargo, que en tiempos, la Santa Cueva albergó algún que otro eremita, como parecen atestiguar las tumbas antropomorfas labradas en la roca, que están perfectamente localizadas en uno de los salientes del peñasco. Ahora bien, el ascenso, en la actualidad, es poco menos que imposible y, por supuesto, desaconsejable.
Su interior, como no podía ser menos, es humilde, como corresponde o debería corresponder a una ermita. Esto no quita para que gente sin escrúpulos, vergüenza ni dignidad -y en esto, opino que la Guardia Civil debería ejercer un control mucho más exhaustivo sobre los anticuarios- haya penetrado en su interior en varias ocasiones, robando algunas piezas de relativa antigüedad -como una lámpara, cuyo cable desnudo aún es visible en las inmediaciones del altar- y mutilado las manos de la Virgen. Hay en la pared, algunas estampas -el Santo Rostro de Cristo, por ejemplo- cuya antigüedad pueda tener unos cuarenta o cincuenta años, y algunas otras de la Santa Virgen. Destaca, pues está situado enfrente de la entrada, el 'árbol de la rifa', de cuyo desconcertante simbolismo para el profano, ya nos ha hablado también Agapito.
En fin, el verdadero tesoro de la ermita de la Santa Cruz, bajo mi punto de vista, ha de buscarse en el corazón de cada uno; en la tremenda sensación de paz que se se percibe a los pocos minutos de hallarse en su interior. Vaya, pues, este mensaje a quien sea capaz de comprenderlo y le sirva de ánimo para asistir el próximo 9 de agosto a una romería cuyo encanto, espero, haya quedado, al menos, suficientemente demostrado en los vídeos consignados en este blog.


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Cosas de Conquezuela: entrevista a Agapito, Segunda Parte


Como él bien dice, la vida no le ofreció la oportunidad de realizar unos estudios, pero le compensó con algo igual de maravilloso, que sólo se alcanza llegando hasta donde ha llegado él: la experiencia. La entrega, la pasión, el orgullo con el que muestra algunas de las características del lugar -en éste caso, la santa cueva- no ofrecen lugar a dudas de a qué niveles hubiera llegado este hombre, si la vida -de distinta dulzura para unos y otros- no le hubiera negado eso que ahora, por desgracia, muchos jóvenes desprecian: el estudio.
En fin, sea como sea, para mi fue un placer escuchar sus explicaciones, y espero que éstas constituyan un punto de interés para los demás, pues ofrecen un testimonio directo acerca de un lugar histórico, enigmático y, por encima de todo, sagrado, digno de conocer y estudiar.

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Cosas de Conquezuela: entrevista a Agapito, Primera Parte


Romero fervoroso y de aspecto saludable a pesar de sus setenta y ocho años y una vida de labor a cuestas, Agapito es, sin duda, toda una institución en Conquezuela. No bien llegué a primera hora de la mañana a las inmediaciones de la ermita -teniendo el privilegio de asistir a los preparativos- su nombre no tardó mucho en salir a relucir. Y es que, como digo, Agapito es una referencia para todas aquellas personas que deseen saber, conocer cosas acerca del lugar, su historia, sus tradiciones y, por supuesto, su espectacular entorno.
Si bien es cierto que el tiempo no perdona, y no obstante su gradual sordera, resulta digno de ver cómo a este buen hombre se le ilumina la cara cuando alguien le pregunta acerca de su adorada comarca. Como digna de ver es, también, la manera en que, después de una leve pausa en la que el oyente tiene la impresión de que Agapito se toma una pausa para poner en orden sus recuerdos, éstos fluyen a través de sus labios con una sincera emoción.
Y es que estoy convencido, después de oírle hablar, de que Agapito, en el fondo, es un romántico denodado, que echa en falta una unidad y una hermandad que, como dice con tristeza, actualmente se está perdiendo.
Todo en esta vida es relativo. Yo no sé si volveré a tener la ocasión de hablar con Agapito. Puede que mis aventuras me lleven otra vez a Conquezuela y la casualidad -cuando no la causalidad- hagan el resto. Pero lo que sí sé con absoluta seguridad, es que esta misma casualidad/causalidad, en el día de ayer me agasajó, poniéndolo en mi camino. De manera que sólo me resta por decir, desde la soledad de éste corazón de peregrino, muchas gracias Agapito.


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