viernes, 18 de julio de 2008

Itinerarios Culturales 6: ruinas de la iglesia románica de San Nicolás


'...la lógica simbólica religiosa y el 'rito' fundacional. Partiendo de esa base, cualquiera, si así lo desea, está en disposición de reconocer los elementos básicos del simbolismo fundador de una iglesia medieval, evidentemente, siempre que ésta no hay sufrido muchas transformaciones con el paso del tiempo...'
[Jean-Paul Lemonde: 'El código Cluny' (1)]

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Situada entre las calles Real y Postas, y desde hace siglos en un completo estado de abandono y ruina, resulta imposible reconocer en ella esos elementos básicos del simbolismo fundador, a los que hace referencia Jean-Paul Lemonde. Fechada su construcción entre los siglos XII y XIII, la malograda iglesia románica de San Nicolás fue uno de los templos más importantes y emblemáticos de la provincia de Soria.
Hoy en día, resulta poco menos que imposible no sentir un estremecimiento de horror cuando -apareciendo entre los numerosos edificios de origen moderno que la rodean y estrangulan- se contemplan sus muñones apuntando al cielo, dejando en evidencia siglos de historia que a nadie parecen ya preocupar.
Ni siquiera parecían ser motivo de preocupación ya en los años sesenta, cuando el arquitecto conservador de Monumentos de la segunda zona del Patrimonio Artístico Nacional, sostenía 'que no deben declararse Monumento histórico-artístico las mencionadas ruinas, y que en todo caso se desmontaran los capiteles y trozos labrados que en ellas subsisten para conservarlos en otro lugar'.
En cierto modo, esto resume el despropósito, el abandono y el desprecio que durante muchos años se ha sentido en nuestro país hacia un patrimonio histórico y cultural de los más ricos del mundo.
Como si de una profecía se tratara, y a pesar de ciertas protestas remitidas en 1961 por la Real Academia de la Historia a través de D. Leopoldo Torres Barbás, uno de sus miembros numerarios, se consintió en despreocuparse de las ruinas, realizándose algunas obras encaminadas a que éstas no terminaran desmoronándose definitivamente, causando un gran trastorno y desgracia.
Fue así como, en 1970, se descubrió un fragmento de tímpano, con una inscripción latina que, una vez analizada y completada, hacía referencia a un eclipse total de sol acaecido en el año 1239.
No obstante, si las fechas se consideran importantes, las que resumen la total injustica cometida sobre este impresionante ejemplar románico, podrían ser las siguientes:
- 1858: se demolen las bóvedas por amenaza de ruina.
- 1908: se traslada la portada a la iglesia de San Juan de Rabanera, donde puede admirarse en la actualidad.
- 1933: se descubre la cripta, de grandes dimensiones, hoy día al aire libre.
- 1935: descubrimiento del brazo derecho del crucero, dedicado a San Lorenzo, así como un espléndido altar que representaba la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, y que fue trasladado al claustro de la cercana Concatedral de San Pedro.

(1): Editorial Styria, 1ª Edición, noviembre 2007

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miércoles, 16 de julio de 2008

Itinerarios Culturales 5: la Catedral de El Burgo de Osma


'Desconocemos datos precisos en torno a su origen, ya que, hasta el momento, no hemos encontrado en el Archivo de la Catedral, ni en otros, documentos, fieles testigos, de los siglos XII y XIII que nos hablen de su nacimiento y construcción, si excluimos alguna esporádica inscripción en capillas adyacentes, pero no suficientes para hablar con rigor crítico...'.
[José Arranz Arranz: 'La Catedral de El Burgo de Osma: Guía Turística', 5ª Edición, 1995]

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Rutas del Temple 5: Ucero y su entorno


'En tierras de El Burgo de Osma, al noroeste de la provincia de Soria, se encuentra la villa de Ucero. Se trata de una pequeña población levantada alrededor de la iglesia parroquial y constituida por edificios rurales, de rasgos etnológicos interesantes. Un ruinoso castillo medieval preside la villa, a la vez que controla el acceso de la vega del río Ucero y el cañón del Río Lobos...'.
[Alejandro Aylagas Mirón: 'La ermita templaria de Ucero', Gráficas Cremor, 4ª Edición, septiembre de 2005]

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martes, 15 de julio de 2008

Rutas del Temple 4: ermita de San Saturio, antiguamente de San Miguel de la Peña


'Una cueva o caverna, convertida en ermita y situada en la orilla del río Duero, es desde el siglo XVI, la sede del culto a San Saturio. Anteriormente al siglo XVI, el santuario, por tradición Templaria, estaba dedicado al arcángel San Miguel; de San Saturio, al parecer, nadie se acordaba...'.
['La figura de San Miguel Arcángel en San Saturio', Teresa Hernández Benito, Revista de Soria, Separata Nº57, Verano de 2007]

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A orillas del Duero, colgada como un farol en las estribaciones del Monte de Santa Ana, una ermita -la de San Saturio- constituye toda una referencia de culto y devoción en la provincia. Independientemente de esa arquitectura de índole 'chuirrigueresca' que tan poco agradaba a Gustavo Adolfo Bécquer, la ermita de San Saturio dispone de los suficientes elementos de interés, como para hacer que una visita merezca realmente la pena.
Son muchas, también, las implicaciones mistéricas a ella asociadas, como para tener en cuenta la gran importancia del lugar.
En efecto, tal y como expone Teresa Hernández Benito en el artículo citado -de cuyas páginas nos hemos servido para encabezar la presente entrada- los primeros antecedentes de culto, se remontan a la figura del arcángel San Miguel, siendo su promotor un oscuro personaje de origen visigodo, del que la leyenda afirma que era de sangre noble y que entregó a los pobres todas sus posesiones, retirándose a las cuevas que horadan el terreno donde actualmente se asienta la ermita.
Dicho acontecimiento ocurría, con mayor o menor margen de error en cuanto al tiempo se refiere, un siglo antes de la invasión musulmana de la Península Ibérica. Sin embargo, en el año 490 d. de Cristo -casi a la par, pues tres años después, al parecer, nacía el futuro anacoreta Saturio- el arcángel San Miguel se apareció en una cueva -los paralelismos subterráneos son evidentes- situada en el Monte Gargano, Italia (1).
(1) La similitud fonética con la palabra 'gorgona' resulta impresionante.
{En construcción}


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lunes, 14 de julio de 2008

Alcózar: obras de rehabilitación en la iglesia de la Virgen del Rivero


Un pequeño inciso en estas rutas culturales y templarias sorianas. El sábado pasado me fue imposible resistir la tentación, mientras me dirigía hacia Castillejo de Robledo, de pasar de largo por Alcózar sin echar un vistazo a las obras de remodelación de la iglesia de la Virgen del Rivero, templo románico de sorprendentes características, que durante muchos años y debido al abandono, ha estado en un lamentable estado de ruina.

Evidentemente, intenté contactar con el alcalde, pues deseaba poder ver y fotografiar esos capiteles desconocidos descubiertos durante los trabajos de desescombro; pero el hombre se encontraba arando los campos y no fue posible en ésta ocasión. Desde luego, no descarto esa posibilidad en un futuro que, espero, no sea demasiado lejano. En espera, pues, de tal acontecimiento, deseo resulte de interés la presente entrada, ya que, como podréis apreciar en el vídeo que se adjunta, se están descubriendo cosas que, no dudo, pueden completar un poco más los datos que hasta el momento se tenían de este hermoso templo, con el que se comienza a hacer justicia.

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domingo, 13 de julio de 2008

Rutas del Temple 3: San Juan de Rabanera


Preside el altar mayor del templo, enlutado, con su faldón negro ceñido a la cintura, que le llega hasta las rodillas; curiosamente, su sombra se proyecta sobre las paredes del ábside, y por esas curiosas escenas de comparación asociada, me recuerda -mientras procuro no perder detalle con la cámara, una vez conseguido el permiso del párroco para grabar en el interior de la iglesia- la forma de algunos canecillos que se pueden encontrar en numerosas iglesias románicas de la región, cuyo significado, a falta de las claves oportunas, se ignora. Me refiero al Cristo que en su día presidió los actos litúrgicos de los frates milites; aquellos Pauperes Milites Christi Salomonis Templi que hace siglos, y desde su privilegiada posición en el monasterio de San Polo, defendían la ribera izquierda del Duero, controlando, de paso, el acceso a la antigua ermita de San Miguel de la Peña, en la actualidad, de San Saturio.
Captan inmediatamente la atención del observador, los maderos sobre los que se sostiene martirizado, clavadas sus manos y sus pies, puesto que, lejos de constituir una cruz clásica, representan todo un símbolo al que no fueron ajenos los belicosos monjes y al que San Francisco, por ejemplo, profesaba una especial devoción: la última letra del alfabeto griego, la Tau.
Nos encontramos aquí, con un símbolo de antigüedad considerable -es citado ya en el Apocalipsis, por poner un ejemplo- cuyas connotaciones esotéricas son de tal magnitud, que no resulta extraño tropezarse varias veces con él en lugares relacionados con la Orden. El caso más evidente y cercano, lo tenemos en la propia ermita de San Saturio, y por partida doble. Pero ese constituye parte del tema que desarrollaré en una futura entrada.
Baste, de momento, saber, que éste Cristo que hoy se venera en la iglesia de San Juan de Rabanera -no es el único elemento ajeno aprovechado, pues el pórtico principal pertenecía a la malograda iglesia de San Nicolás, actualmente en ruinas- es aquél mismo que, como hemos aventurado, se veneraba en el monasterio templario de San Polo, y que, de hecho, protagonizó una de las maravillosas leyendas que circulan por la capital: la leyenda del Cristo templario, cuyas referencias son fáciles de encontrar.
Independientemente del Cristo templario, la iglesia de San Juan de Rabanera constituye un hermoso exponente del románico de la región, cuya visita -recomendada- no dejará a nadie indiferente.

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Rutas del Temple 2: antiguo monasterio de San Polo


'Sobre el Duero, que pasa lamiendo las carcomidas y obscuras piedras de las murallas de Soria, hay un puente que conduce de la ciudad al antiguo convento de los Templarios, cuyas posesiones se extendían a lo largo de la opuesta margen del río.
En la época a que nos referimos, los caballeros de la Orden habían ya abandonado sus históricas fortalezas; pero aún quedaban en pie restos de los anchos torreones de sus muros; aún se veían, como en parte se ven hoy, los macizos arcos de su claustro, las prolongadas galerías ojivales de sus patios de armas, en las que suspiraba el viento con un gemido, agitando las altas hierbas...'.
[Gustavo Adolfo Bécquer: 'El rayo de Luna']


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Tal y como nos avisa Gustavo Adolfo Bécquer al principio de la leyenda, hacía muchos años -posiblemente siglos- que el grito de guerra de los templarios, unido a los colores blanco y negro de su estandarte, o 'Baussant', se habían extinguido en aquella parte de la ribera del Duero, que habían ocupado y defendido bravamente, en tiempos en los que -si hemos de hacer caso a la Historia- se libraban sangrientos combates para expulsar al invasor sarraceno, que tantos siglos llevaba asentado en la Península Ibérica.
De aquellos tiempos, así como de las hazañas de tan legendaria Orden, sólo existen espesas brumas flotando a algunos centímetros por encima de lagunas difíciles de sortear. No ocurre lo mismo con la tradición, en la que se apoyan -firmes como una roca- una sencilla puerta abovedada y parte de un antiguo monasterio administrado por los aguerridos freires guerreros, que a pesar del tiempo transcurrido y de los numerosos cambios internos realizados por sus actuales propietarios, continúa conservando su nombre original: San Polo.
No parecen haberse producido, sin embargo, cambios irreparables en el terreno que lo circunda, pues, a pesar de que existen verjas de hierro, así como avisos de 'prohibido el paso, propiedad privada', la tierra de los huertos parece igual de fértil a como lo era en los tiempos en que los templarios se encargaban de su cultivo y explotación.
Sabemos, también, que aparte de la trágica leyenda consignada por Bécquer -hasta tal punto puede llegar a hechizar el lugar, incluso visto a la luz de la luna- existe otra leyenda relacionada, transmitida de generación en generación, que recuperó hace algunos años un especialista en temas del Temple, llamado Rafael Alarcón Herrera: la leyenda del Santo Cristo del Olvido o el Cristo Cillerero.
Para corroborar, al menos en parte, ésta auténtica joya tradicional, tenemos la fortuna de que se haya conservado intacta hasta nuestros días, la imagen del Cristo en cuestión.
En efecto, relativamente cerca de su emplazamiento original en el monasterio de San Polo, y situada enfrente de la Diputación Provincial, la iglesia románica de San Juan de Rabanera le sirve actualmente de cobijo. Fieles y curiosos pueden verlo en el ábside, detrás del altar principal, con su faldón negro hasta las rodillas que, curiosamente, se aplica también a otros dos Cristos considerados templarios: el del Santuario de Nª Sª de los Milagros de Ágreda, y el que estaba en el antiguo castillo de Ucero y hoy se encuentra en la capilla de la iglesia parroquial de San Juan Bautista.
Puede que aún queden otros restos que evidencien la presencia de la Orden en el lugar, pues se sabe que en los jardines anexos a San Polo, no muy lejos del punto donde Bécquer situó la leyenda de el rayo de luna -se puede ver una cruceta de piedra a través de la verja- hace tiempo que se documentó la existencia de algunas losas sepulcrales, entre cuyos grabados no faltan, desde luego, ese peculiar tipo de cruces de brazos redondeados o cruces patés, tan características del Temple. Pero su acceso está vedado, pues como hemos dicho anteriormente, tanto lo que queda del antiguo monasterio, como el terreno circundante, son propiedad privada.
Con privacidad o sin ella, sí resulta toda una experiencia atravesar esa antigua puerta que se levanta en mitad de lo que en su día fue el cuerpo central del monasterio -la mayor parte de sus milenarias paredes cubiertas de hiedra y enredaderas- y recorrer ese camino hacia la ermita de San Saturio que, siempre a la vera del Duero, tan celosamente guardaron unos monjes-guerreros cuya leyenda -como las últimas palabras que se supone pronunció en la hoguera su último Gran Maestre, Jacques de Molay- forman parte imperecedera de un gran mito universal.

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