sábado, 14 de junio de 2008

Que son cinco días...


Como dice el cantar popular, 'son cinco días'. Quedan algunos más, pero la cuenta atrás ya ha comenzado. Todo está listo para recibir, con todo lujo de detalles y alegría, la proximidad de las Fiestas de San Juan. Y aunque ayer Soria era una ciudad apacible, tranquila y poco menos que desierta a las cuatro de la tarde, no costaba darse cuenta de que, cuál bomba de relojería, está a punto de estallar.

Tal vez por eso, el Parque Alameda de Cervantes estaba en silencio, con algún que otro paseante; algún afortunado, durmiendo plácidamente la siesta tumbado en el mullido colchón de césped; alguna que otra pareja dedicada a sus labores en los bancos más discretos...y por supuesto, el paisano que, ganándose el corazón de las palomas a base de migajas de pan, permanecía por completo ajeno al mundo.

Pero serán estos escenarios, fieles a una tradición que se perpetúa a lo largo de los años, donde, en poco más de una semana, la charanga, la fiesta y el alboroto conviertan a la capital de la provincia en un auténtico polvorín.

Un año más, una ciudad espera impaciente la llegada de sus fiestas más populares y bulliciosas: las Fiestas de San Juan.

No lo olvidéis, porque cuando finalicen esos cinco días, ya sólo se cantará con pena el tradicional 'Adiós, adiós San Juan'.


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miércoles, 11 de junio de 2008

Él románico de Caracena. Segunda Parte: la iglesia de Santa María


'Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente...'
[Jorge Luis Borges]

Situada sobre un otero, dominando esas abruptas hoces por donde el río Caracena serpentea levantando espuma hacia el interior, una iglesia, austera, humilde en cuanto a ornamentación, pero imponente en su ejecución, duerme su sueño de siglos custodiando ese muñón mellado que otrora constituyera un pequeño fortín. Me refiero, naturalmente, a la iglesia románica de Santa María. Menos popular, quizás, que la iglesia homónima de San Pedro, visible en la distancia, en la iglesia de Santa María, aparte de otras, aún se conservan huellas mudéjares que recuerdan, dentro de su marco histórico, la importancia estratégica que en el pasado tuvo la villa en la que se encuentra.
[En construcción]

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El románico de Caracena. Primera Parte: la iglesia de San Pedro


'Gentil o hebreo o simplemente un hombre
cuya cara en el tiempo se ha perdido;
ya no rescataremos del olvido
las silenciosas letras de su nombre...'
[Jorge Luis Borges]


Como en los versos de Borges, cuando uno se encuentra frente a una iglesia románica, tal, por ejemplo, la iglesia de San Pedro, en Caracena, su primer pensamiento es preguntarse por el extraordinario poeta que, utilizando con geométrica precisión el martillo y el escoplo, labró versos de oculta rima en el corazón primordial de la piedra. Es cierto. Cuanto más y más templos románicos visito, mayor es la sensación que tengo -observando sus arcos, sus arquivoltas, sus capiteles o sus canecillos- de estar contemplando un inmenso poema, la clave de cuya rima, por desgracia, hace tiempo que se ha perdido.
A veces el poeta-escultor deja su firma grabada en la piedra, bien con sus iniciales, bien con el nombre completo al que, por regla general, se solía añadir la acepción latina 'me fecit'. No parece ser el caso de la iglesia de San Pedro. Hemos de considerar, por tanto, como anónimo a éste maestro juglar que no encontró reparos para utilizar en sus versos el simbolismo mágico del centauro, en su versión positiva o de sagitario; o esa arpía con rostro humano, masculino que, para más señas colocó en el ábside, al lado de esa otra cabeza tripartita, que algunos identifican con el misterioso ídolo baphomet de los templarios; esas otras cabezas, humanas pero embrutecidas, entre las que se mezclan aquéllas otras de origen netamente bestial; o ese adán, totalmente desnudo, que se lleva un cuerno a la boca con toda la naturalidad del mundo.
Frente a la indignación de Bernardo de Claraval -maestro sobrio y austero donde los haya- que allá por el año 1124 se preguntaba '¿qué hacen allí esas ridículas monstruosidades, esa belleza increíblemente deformada y fealdad perfecta?', no puedo, si no, pensar -contemplando una obra maestra, como bajo mi punto de vista es la iglesia de San Pedro- que el mensaje que se oculta detrás de todos estos elementos, está muy lejos de constituir una 'fantasía absurda', como gustaba pensar, también, el fundador del Císter, bajo cuya tutela se fundó una de las órdenes de caballería más innovadora, intrépida y misteriosa de la Historia: la Orden del Temple.
Lejos en el tiempo, quedan las curiosas investigaciones del profesor alemán Marius Schneider en el claustro del monasterio de Ripoll, encaminadas a demostrar que todos estos elementos constituían notas musicales, las cuales, debidamente interpretadas, conformaban una sinfonía músico-religiosa de características determinadas, cuando no determinantes.
A pesar de haber sido restaurada hace algunos años, la iglesia de San Pedro contuinúa conservando ese primitivo sabor a románico original que, de ser ciertas las conclusiones del profesor Schneider, hace que sus elementos quizás constituyan las notas de un enigmático miserere.
Siete son sus arcos -número mágico por excelencia- representación simbólica -como suele ser tradicional en este tipo de edificaciones- de las siete puertas de la ciudad santa de Jerusalén. Orientados de oeste a este, destaca, no obstante, llamando la atención por encima de los demás, aquél que -haciendo el número cinco, si contamos de derecha a izquierda- muestra una de su cuádruples columnas vencida sobre las demás.
Cuando uno ve un elemento tal como el que se acaba de describir, que de alguna manera 'rompe' la disposición o monotonía del conjunto, no puede evitar dejarse influenciar por la curiosidad y preguntarse por qué. En el caso de la columna que nos ocupa, se añade, así mismo, otro elemento que aumenta, aún más si cabe, la duda.
Como un punto y aparte en el conjunto, en dicha columna, aproximadamente a media altura, destaca un curioso vaciado de forma rectangular, que sugiere otro pequeño enigma de difícil interpretación en cuanto a su uso específico, si es que realmente lo tenía, y todo parece indicar que sí, teniendo en cuenta que nada se dejaba al azar.
Aunque posiblemente lejos de la verdadera intención del maestro cantero que la diseñó -cuidándose de que tuviera esa disposición- el único paralelismo que se me ocurre, es la coincidencia con esos vaciados que los judíos ponían en el vano de las puertas de sus casas, en los que la tradición requería que se posara la mano, en señal de respeto, antes de pasar al interior. Ahora bien, esto induce a otro interrogante, porque, claro, de ser así, uno no puede, por menos, que preguntarse qué hacía un símbolo, aparentemente de connotaciones tradicionales judáicas, en un templo cristiano.
De cierta influencia silense, en sus diez capiteles se reflejan variadas escenas que, como decíamos al principio, conforman un poema -cuando no una historia de épicas alusiones- en el que no faltan oscuros vaticinios bíblicos, como esa hidra de siete cabezas, o bestia apocalíptica, que aguarda a la Humanidad al final de los tiempos.
Algunos de sus elementos -como el duelo de caballeros, representación dual de contrarios enfrentados- se localiza, también, en la cercana Tiermes, en la iglesia de Nª Sª de Santa María. Tal similitud, tiende a demostrar, en parte, el rumbo o la dirección seguida por un gremio constructor en el que es posible adivinar una cierta influencia de origen franco y ejecución mozárabe, aunque de autoría desconocida y ligeramente inferior. Como en la iglesia de Tiermes, destaca, así mismo, ese otro capitel que presenta a doce figuras ataviadas con túnicas -he aquí otro número interesante- que portan carteles en su mano, aunque resulta imposible determinar qué mensaje específico contenían. ¿Los doce apóstoles?.
En su interior, sencillo y escasamente decorado, es posible contemplar -aparte de una losa situada en el lateral, junto a la puerta de entrada, al pie del retablo barroco donde se asienta la figura policromada de la Virgen del Casar- los pedazos de otra losa que, hablando del caballero de la secta mala, alienta la teoría de la presencia del Temple en el lugar. Presencia, por otra parte, que no sería en absoluto descabellada, si pensamos en la estratégica posición del lugar y la importancia que tuvo en la lucha por la reconquista.
En resumen, podemos decir, que nos hallamos ante un interesante conjunto románico, que en modo alguno decepcionará al visitante y, por el contrario, observando sus elementos, le inducirá a hacerse un sin fin de preguntas, algunas de cuyas respuestas, tal vez no se las haya llevado el viento, como en la canción de Bob Dylan.

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martes, 10 de junio de 2008

Camino a Caracena: Navapalos, Segunda Parte


Lo reconozco: soy un nostálgico. Siento una dolorosa sensación de pérdida cuando camino por las calles de un pueblo poco menos que despoblado, cruzándome tan sólo con las sombras de sus muñones, transformados en recuerdo, seguramente por necesidad.
Recuerdos, por otra parte, que me traen a la memoria parte de esa España profunda y sacrificada, que tantas y tantas historias tiene todavía que contar. Quizás el vídeo ayude un poco a comprender esa sensación; y también la música, esa 'tonada al viejo amor' de Waldo de los Ríos.
Pero, por si acaso, no estaría de más citar aquí una parábola corta de Paulo Coelho, contenida en su libro 'Maktub'. Por si alguien se anima, y lugares como Navapalos comienzan a despertar, aunque sólo sea en el papel:
'Dice el maestro:
Escribe. Ya sea una carta o un diario, o unas notas mientras hablas por teléfono, pero escribe. Escribir nos acerca a Dios y al prójimo. Si quieres entender mejor tu papel en el mundo, escribe. Procura plasmar tu alma por escrito, aunque nadie lo lea; o, lo que es peor, aunque alguien acabe leyendo lo que no querías. El simple hecho de escribir nos ayuda a organizar el pensamiento y a ver con claridad lo que nos rodea. Un papel y un bolígrafo hacen milagros, curan dolores, consolidan sueños, llevan y traen la esperanza perdida.
La palabra tiene poder' (1).


(1): Paulo Coelho: 'Maktub', Editorial Planeta, 2007.




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lunes, 9 de junio de 2008

Camino a Caracena: Navapalos


'En el ambiente de la tarde flota
ese aroma de ausencia
que dice al alma luminosa: nunca,
y al corazón, espera'.
[Antonio Machado]


Mediodía. Atrás queda Caracena y su magia. De regreso a El Burgo de Osma, mi curiosidad es más fuerte que mi prisa, y no lo puedo evitar: me detengo algunos minutos en Navapalos. Hay un todo-terreno aparcado a un lado de la carretera, y hacia él se dirigen sonrientes dos parejas de mediana edad que, supongo, y basándome en la dirección que traen, vienen de ver la atalaya islámica cuyo reclamo, enmarcado en el característico cartel de color rosa chillón -común a los lugares con monumentos históricos de interés- atrae inmediatamente la atención del viajero.
Si no fuera por el trino alegre de los pájaros, y el canto, posiblemente motivado por el celo, de algún grillo desesperado, juraría que la vida hace mucho tiempo que pasó de largo por allí.
No hay mayor evidencia de abandono, que ver la hierba y los rastrojos -cuya altura, en algunos casos, sobrepasa las rodillas- avanzando entre las calles como un ejército invasor que acaba de tomar al asalto el lugar.
Mientras curioseo por éstas, no puedo evitar que una repentina sensación de vacío, no exenta de tristeza, se vaya apoderando de un corazón que apuesta siempre por la vida.
Sin duda elementos predominantes de una arquitectura en tiempos popular, de entre el adobe y la piedra de la mayoría de las casas, sobresalen vigas ennegrecidas; muñones de madera rendidos hace tiempo al peor enemigo que hubieran podido nunca imaginar: el abandono.
Pero, en realidad, no se puede decir, tampoco, que Navapalos sea un pueblo abandonado, como evidencia el estado sólido y con señas de ocupación, de algunas de sus casas. Entre ellas destaca, sin duda, el compacto armazón de una en particular que, por su forma, bien recuerda un origen montañés. En una de las paredes, aún se conserva, bien visible a pesar de la herrumbre que no perdona, una chapa que ofrece una pista vital de su centenaria función: Escuela Nacional.
En esa misma pared, con su forma inequívoca de media cúpula y protegido de las posibles inclemencias del tiempo por un pequeño porche, un horno de leña, de aspecto medieval, llama inmediatamente la atención. Por su aspecto, solidez y buen estado de conservación, apenas me cuestas ver en ella, sin necesidad de un rótulo o un cartel que lo confirme, un más que probable establecimiento rural, que espera pacientemente a que el estío devuelva a la zona esa vitalidad humana que el tiempo, impasible, le fue robando poco a poco.
{En construcción}

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domingo, 8 de junio de 2008

Tradiciones Mágicas: la noche de San Juan en el Cañón del Río Lobos


Se aproxima la noche más mágica del año, la Noche de San Juan; precisamente aquélla que marca, acompañada de multitud de ritos y festejos populares, la llegada del solsticio de verano. Cultos ancestrales, mitos, leyendas, tradiciones y sobre todo magia, mucha magia, se dan cita en un acontecimiento que hace que el fervor popular se perpetúe año tras año, rememorando algo cuya originalidad, posiblemente, se haya perdido en esos rincones, oscuros y secretos, que la Historia parece guardar con un celo especial, y a los que apenas permite escudriñar.
Soria se engalana para recibir, un año más, a los 'Sanjuanes', esa fiesta querida y popular, cuya idiosincracia, no me cabe duda, ha traspasado fronteras, siendo numerosos los visitantes foráneos que, llenos de júbilo y expectación, se dan cita en la capital para saborear, otra vez, un dulce cargado con la miel más sabrosa de la tradición. No en vano, se les denomina, también, como 'los pequeños sanfermines'.
¿Pero qué ocurre en otros lugares de la provincia?. Ayer sin ir más lejos, de regreso de mi segunda aventura por un lugar especial, como es Caracena y su entorno, no pude dejar pasar la ocasión -aprovechando el espléndido día que hizo- de acercarme una vez más hasta el entorno del Cañón del Río Lobos y poner a prueba mi habilidad deductiva en el interior de su recinto más sagrado: la ermita de San Bartolomé. Naturalmente, como en multitud de ocasiones anteriores, regresé a Madrid derrotado, aunque rico en experiencias. Soy consciente, que las respuestas que espero conseguir, llegarán, si cabe, en el futuro, y que la mejor herramienta de la que dispongo para obtenerlas, no es otra que la observación y la perseverancia.
Últimamente, cada vez que voy, aprovecho para conversar un rato con Eric, el guía que actualmente viene prestando sus servicios desde Semana Santa, con el que me une -al igual que con su madre- un cierto grado de amistad, del que me siento, evidentemente, orgulloso. Sus conocimientos del entorno son bastante más que notables, así como la paciencia y la generosidad que tiene para compartirlos con propios y extraños.
Posiblemente, para muchos de vosotros, los comentarios que escuchéis durante los dos minutos, más o menos, que dura el presente vídeo, os sean de sobra conocidos. Pero pienso que este blog estaría incompleto si, habiéndolos conseguido de primera mano, no los pusiera a disposición de todo aquél que tenga a bien pasearse por él.
Queridos amigos: San Juan se acerca y la Magia también. Preparaos, pues, para la Renovación -pues creo que en eso precisamente consiste- y quemando en las hogueras todo aquello que os haya parecido nocivo y desechable, pedir, cuando menos, un deseo. ¡Quién sabe!. ¿Y si se cumple?.
Aunque anticipadamente, ¡feliz noche de San Juan a todos!.


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