jueves, 7 de febrero de 2008

Campos de Gómara: Alparrache

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Ágreda: iglesia gótica de San Miguel

'...por qué nuestra preferencia sigue centrada en la Edad Media tal como nos la revelan los edificios góticos, más que en esa misma época, tal como nos la describen los historiadores.'
[Fulcanelli: 'Las moradas filosofales']

[En construcción]


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martes, 5 de febrero de 2008

¡Por favor, Robin Hood! ¡Ayúdanos, que se están cargando el bosque de Sherwood!
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Ciudad y Villa de Ágreda




Puntal en la Reconquista, tierra de templarios -como demuestran las numerosas referencias, incluido el Cristo así llamado que se exhibe en la iglesia-santuario de Nª Sª de los Milagros-; de vírgenes negras -como la virgen titular de la citada iglesia-; de místicas sublimes -como Sor Mª Jesús de Ágreda- y de misterios -algunos de ellos susurrados por el viento del Moncayo, cuya cercanía comparte con la no menos hermosa población aragonesa de Tarazona- la villa de Ágreda es, sin duda, depositaria de los suficientes alicientes como para hacer que una visita, aunque breve, merezca siempre la pena.
Fue éste, precisamente, el mítico Moncayo, quien nos hizo una demostración de su peculiar idiosincracia, al poco tiempo de llegar, mostrándose enfurruñado y lanzándonos a la cara su gélido aliento en forma de cierzo, o lo que es lo mismo, enviándonos un viento que podía considerarse -a falta de un calificativo mejor- como de endemoniado.
Repoblada por el rey Alfonso el Batallador en el año 1118 -curiosamente, la fecha coincide con la creación de la Orden del Temple- con gente montaraz de ascendencia soriana, proveniente de la zona de Yanguas, San Pedro Manrique y Magaña, Ágreda fue escenario de numerosas bodas reales, entre las que destaca la de Jaime I el Conquistador y Leonor de Castilla, acaecida en el año 1221.
Lugar de encuentro de tres importantes culturas -árabe, judía y cristiana- en sus lindes se jugó, con bastante frecuencia, la suerte de la paz en el territorio peninsular. No es de extrañar, por tanto, que su situación estratégica y fronteriza, fuera deseada tanto por castellanos, como por navarros, como por aragoneses. Tampoco, que todos los monarcas castellanos de la Edad Media, concedieran a la villa de Ágreda numerosos privilegios con el fin de asegurarse su lealtad, en contra de los otros.
Por supuesto, también es mundialmente conocida por ser el lugar de nacimiento y muerte de una de las místicas más importantes del siglo XVII español: Sor Mª Jesús de Ágreda.
De constitución menuda -a juzgar por el ataúd que contiene sus restos incorruptos- y propensa a la enfermedad -a juzgar por sus biógrafos- fue, sin embargo, consejera de príncipes y reyes, entre los que cabe resaltar la intensa correspondencia que mantuvo con el rey Felipe IV. La vida de la Madre Ágreda -como también se la denomina- se desarrolló siempre por unos derroteros tan extraordinarios, que aún hoy en día causan perplejidad y admiración, encontrándose, digamos, dentro de los límites de lo más incomprensible e irracional.
Otros lugares de interés y de obligado recorrido de esta interesante villa soriana, son la iglesia-santuario de Nª Sª de los Milagros; la iglesia románica de Nª Sª de la Peña -actualmente convertida en museo- y la iglesia gótica de San Miguel.

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La Dama Azul de Ágreda 2

'Obró en mi la fuerte y suave fuerza de la sabiduría, manifestóme lo más oculto y a la ciencia humana más incierto. Púsome delante de los ojos a Ti, oh imagen especiosa de la divinidad y Ciudad Mística de su habitación, para que, en la noche y tinieblas de esta mortal vida, me guiases como estrella, me alumbrases como luna de la inmensa luz, y yo te siguiese como a Capitana, te amase como a Madre, te obedeciese como a señora, te oyese como a Maestra y en Ti, como en espejo inmaculado y puro, me mirase'

[Sor Mª Jesús de Ágreda]

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lunes, 4 de febrero de 2008

La Dama Azul de Ágreda




'La literatura ascético-mística en la España de los siglos XVI y XVII es de una riqueza extraordinaria no sólo por el número de obras escritas, sino por el valor doctrinal y estilístico de las mismas. Puede afirmarse que la Mística Ciudad de Dios, la obra cumbre de Sor María Jesús de Ágreda, ha sido y sigue siendo una de las obras más apreciadas, como lo demuestran las múltiples ediciones y traducciones de la misma'
'Un hecho sorprendente y fácilmente constatable es la demanda continua de ejemplares de la Mística Ciudad de Dios que se envían a todas las provincias de España y a todas las naciones de América, incluída USA, en donde se recuerda a la Madre Ágreda como la extraordinaria catequista de los primeros cristianos de Texas...'.
[Nota preliminar a la nueva reimpresión de la Mística Ciudad de Dios]

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Hay nombres de personas que, bien por las circunstancias o bien por los singulares avatares de su vida, quedan asociados para siempre a un determinado lugar. En el caso que nos ocupa, la hermosa villa soriana de Ágreda se encuentra indivisiblemente unida al nombre de Sor María Jesús, monja y mística del siglo XVII, los pormenores de cuya vida han traspasado las fronteras de la leyenda, siendo actualmente conocidos y objeto de veneración en buena parte del mundo.

Cuando uno entra por primera vez en la iglesia anexa al Convento de la Concepción, lo que atrae su atención en primer lugar, casi se diría que actuando como un imán para sus ojos, es el conjunto funerario que alberga el cuerpo incorrupto de la religiosa.
En efecto, aislado del exterior por una urna de cristal -espero que no se considere como una falta de respeto, pero al verlo mi primera impresión fue asociarlo con el cuento de la Bella Durmiente- y en el interior de un ataúd blanco adornado con gran profusión de ángeles, los restos mortales de la Venerable Madre reposan en un silencio tan profundo, como la mística que los alentó en vida.
Encima de la urna, y a tamaño natural, una estatua yacente de la religiosa, parece recordar al visitante uno de los extraordinarios fenómenos asociados a su singular vida, y que posiblemente constituya el pilar central sobre el que se levanta su leyenda: el fenómeno de la bilocación. Fenómeno que, dicho sea de paso, y en el ámbito eclesiástico, tiende a denominarse como 'apariciones'.
Un simple vistazo es suficiente, también, para darse cuenta de que la Venerable María Jesús de Ágreda -cuyos apellidos, en realidad, eran Coronel y Arana- era una mujer de aspecto menudo, que -si hemos de hacer caso a las crónicas y demás particularidades de las numerosas referencias bibliográficas existentes sobre su vida y su persona- poseía una constitución débil, así como una determinada propensión a la enfermedad.
Características, por otra parte, que no la impidieron mantener correspondencia con la más excelsa nobleza de la época, cuyos consejos, incluso, eran solicitados y apreciados por monarcas como Felipe IV, con quien mantuvo correspondencia epistolar durante más de veinte años.
Tales características, parece ser que tampoco la restaron fuerzas para dejar de manifiesto sus excelentes dotes literarias, sobresaliendo, por su volumen -cerca de dos mil páginas manuscritas- así como por su complejidad y las connotaciones marianas que la rodean, una de las obras cumbres del misticismo español: 'La Mística Ciudad de Dios'.
Si hemos de hacer caso a las crónicas, la obra cumbre, por la que es conocida y recordada a nivel mundial, se basa en sus visiones de la Virgen y lo que Ésta, supuestamente, la contó. Tenemos aquí, pues, otra de las facetas que caracterizan a ésta singular religiosa: su faceta de visionaria.
No debe resultarnos tampoco extraño, el hecho de que la Inquisición tomara cartas en el asunto, aunque la Madre Ágreda saliera airosa del trance.
Pero sin duda, como decía anteriormente, el factor determinante que catapultó su fama a niveles insospechados de popularidad, fue su labor catequética; una labor envuelta en unas circunstancias tan extraordinarias, que incluso hoy día se la sigue recordando en lugares tan lejanos de su Ágreda natal -curiosamente, nunca salió de allí- como Texas y Nuevo México, donde sus apariciones a los indígenas de ambos territorios, la valió el sobrenombre por el que quizás es aún mucho más conocida: 'la Dama Azul de los llanos'.
Como muchos otros fenómenos condenados al descrédito por la ortodoxia científica oficial -el mejor postulado que lo describe es aquél que afirma que en el mundo sólo existe aquello que se puede probar y medir- el fenómeno de la bilocación -es decir, la facultad de poder estar en dos sitios a la vez- induce a escepticismo, descrédito, y en algunas ocasiones, incluso burla.
No es mi intención aquí sentar cátedra, ni defender una u otra postura; tampoco alentar apologías ni tendencias encaminadas a tentar la fe y la credibilidad de nadie. Como viajero y cronista, tan sólo me limito a exponer unos hechos.
Hechos, por otra parte, que están al alcance de cualquiera, independientemente de que se tome o no la molestia de acercarse hasta Ágreda y poder obtener algún dato de primera mano.
Es cierto, también, y considero una obligación decirlo tal y como lo siento, que si bien la vida de la Venerable Madre Mª Jesús de Ágreda estuvo rodeada de circunstancias espectaculares, no es menos cierto que, actualmente, a éstas se añaden otras que, en mi modesta opinión, poco o ningún favor la hacen. Como, por ejemplo, lo que se comenta cuando se visita el pequeño museo que conserva algunos de los objetos personales de la Venerable -entre otras cosas- y donde, cuando uno se detiene frente a una curiosa vasija de inequívoco aspecto mexicano, se le dice que fue traído por Sor Mª Jesús en una de sus bilocaciones. En fin, que cada uno juzgue por sí mismo y saque, en consecuencia, sus propias conclusiones.
Sólo me resta decir, que el fenómeno de la bilocación fue característico en la vida de Jesús, así como en la de otros santos -cristianos o no- y también forma parte de la leyenda de oscuros personajes históricos como, por ejemplo, Apolonio de Tyana.
Actualmente se está estudiando la posibilidad de beatificar a la Venerable Madre Sor Mª Jesús de Ágreda. Bajo mi punto de vista, y sin pretender hacer política ni herir la susceptibilidad de nadie, pienso que a lo mejor otros beatificados se lo han merecido menos. Y al fin y al cabo, aunque sólo sea por sus consejos, siempre encaminados a salvaguardar la paz, no me parece desmerecedora, en absoluto, de semejante honor.

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Ágreda: iglesia-santuario de Nª Sª de los Milagros


'Negra soy, pero hermosa, hijas de Jerusalén, como las tiendas de Quedar, cual los pabellones de Salomón. No reparéis en que soy morena, pues me ha tostado el sol...'
[Cantar de los Cantares, 1, 5-6]
Bajo las primeras palabras de ésta cita, extraída del famoso Cantar de los Cantares -texto atribuido al bíblico rey Salomón- subyace uno de los misterios más controvertidos y apasionantes de la imaginería mariana medieval. Me refiero, naturalmente, al fascinante fenómeno de las llamadas Vírgenes Negras.
No tanto como en Francia, pero sí lo suficientemente prolíficas como para ser tenidas muy en cuenta, España dispone -repartidas en lugares clave de su territorio- numerosas tallas, que hacen que el fenómeno al que nos referíamos anteriormente, se encuentre tan cercano como para permitirnos, al menos en algunos casos, tener la posibilidad de contemplarlo y fascinarnos con su esotérico encanto. Tal es el caso, por ejemplo, del impresionante ejemplar de Virgen Negra gótica, titular del Santuario y Patrona de Ágreda, para más señas: Nª Sª de los Milagros.
La historia que rodea la talla de Nª Sª de los Milagros, reúne todos los requisitos asociados a éste tipo de imágenes. Cuenta la tradición, que fue traída desde Extremadura, cuando unos pastores de la Mesta la encontraron a orillas del río Matachel (1), siendo reverenciada tanto por castellanos, como por aragoneses, riojanos y navarros, recuperando cultos ancestrales anteriores al cristianismo.
Coincido por completo con él, con respecto a que es de lamentar que durante la restauración del santuario, se hiciera desparecer la leyenda que la calificaba y presentaba como Virgen Negra, y que hemos expuesto al principio de la presente entrada, la cuál recordamos en su acepción original latina: 'Nigra sunt, filiae Jerusalem, Psalliter domine, psalliter sapienter'.
A éste respecto, he de resaltar que -bien por petición popular, bien por un intento de recuperar en parte un elemento importante de la tradición- dicha leyenda aún puede encontrarse en el interior de la iglesia-santuario de Nª Sª de los Milagros.
En efecto, al final de la nave, y justo enfrente de la puerta principal de acceso al templo, es difícil acceder al interior y no verse inmediatamente atraído por un extraño y sobrecogedor ejemplar de 'Virgen Negra', que permanece erguida sobre la balda donde es de suponer que es sacada en procesión la titular de la Parroquia. Permanece, como decía, erguida bajo una especie de pórtico -es posible que represente, de forma simbólica, una de las puertas de la ciudad santa de Jerusalén- en el que todavía puede leerse dicha leyenda.
Decía lo de 'extraño ejemplar de Virgen Negra', porque su aspecto, fuera de toda duda, parece sobrecogedor. No da la impresión de tener solera en cuanto a antigüedad se refiere, y el color del vestido que la cubre -de un rosa pálido, completamente deslucido- no ayuda, precisamente, a darle una imagen soberana.
Luce una abundante cabellera leonina, que recuerda más, no a una María recatada y pura -independientemente de que éste tipo de imágenes se caracterice por sus rasgos orientalizados y rostro mayestático- sino, quizás, a una sacerdotisa de ritos animistas, como el vudú, tan extendidos entre las poblaciones indígenas del Caribe.
La posibilidad, también, de la presencia de la Orden del Temple -cuyos emplazamientos solían ser cuidadosamente escogidos y a quienes complacía la cercanía -entre otros- de este tipo de santuarios, parece así mismo confirmada por la presencia de algunos restos a ellos atribuídos -como las ruinas de una antigua ermita que se pueden contemplar desde la carretera- así como por la existencia del Cristo templario que actualmente puede contemplarse en una de las paredes laterales de la capilla de San Pedro.
En dicha capilla, además del Cristo y una figura del 'Portador de las llaves del reino de los cielos', se puede contemplar, igualmente, una magnífica pila bautismal románica, la visión de cuyos grabados recuerda -es un hecho que no deja de ser curioso y común a muchos lugares (2)- los arcos del monasterio de San Juan de Duero.
Interesantes de contemplar y estudiar, son, también, los magníficos retablos góticos añadidos en los laterales de la nave, en los que, aparte de escenas correspondientes a la Pasión de Cristo y la vida de algunos santos, es posible descubrir otras -menos comunes, posiblemente- basadas en la vida de la Virgen María.
Como colofón a la presente entrada, añadir que las fiestas en honor de la Patrona de la villa se celebran en junio, el sábado siguiente al Corpues Christi, y a ella acuden devotos y peregrinos de numerosos lugares de España.
(1) Fuente: Antonio Ruiz Vega, ABANCO 11
(2) Por citar algunos ejemplos, este tipo de arcos se puede reconocer fácilmente en el altar de la sala de armas de la Vera Cruz de Segovia; en uno de los capiteles de la iglesia románica de San Miguel, en Andaluz; en el pórtico de la ermita de Los Mártires, en Garray; en la iglesia de San Juan de Rabanera...

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